viernes, 27 de marzo de 2026

ARISCONA

 


No crean ustedes que Ariscona --también conocida por Asperona-- es mala persona. Aunque pudiéramos decir otra cosa por la rudeza de su trato y la acritud de sus relaciones sociales, es decir por el desabrimiento con que trata a sus prójimos, trato que algunos podrían confundir con fea grosería. No hay mala fe en Ariscona, sólo ensimismamiento tenaz, como si andase perdida casi siempre en sus laberintos interiores o en intimidades insondables. Si le preguntáis por algo en mala hora o cuando está concentrada en su labor, os contestará brusca: "¡Déjame, no me molestes!". O se hará la distraída hasta que le preguntes tres veces por lo que quieres saber. Para que te haga caso, tendrás que insistir.

Lo Arisco (así en general, como temperamento humano) se halla en el extremo negativo y opuesto a la Afabilidad del atento, cordial, gentil y campechano. Arisco es el tabernero "esaborío" que te mira con aparente desprecio o afectada altivez y ni te agradece la propina, pero que jamás escupirá en tu copa ni te cobrará de más. Seco, pero fiable. La "aspereza" (authadia, en griego clásico) puede pasar a veces por arrogancia hosca, pero tiene más de la prevención insegura de quien, como muchos insectos, muestra por fuera capa dura, pero es blando en su interior e incluso esconde dulzuras inéditas dentro. 

De todos modos, es fácil caer en la generalización arbitraria cuando juzgamos actitudes humanas. Téngase por ello en cuenta que, según el Principio de los Indiscernibles (Leibniz) no hay dos personas iguales, que compartan todas sus propiedades, pues, si las hubiera, serían una sola persona. Por consiguiente, la asperaza de Ariscona (a la que cariñosamente podemos llamar también Arisquina o Asperita) es tan particular como exclusiva, ya que son inútiles las categorías que han pretendido establecer antropólogos y psicólogos desde los tiempos de Teofrasto, como cajones de sastre para ordenar temperamentos de la grey humana. Mal llamados "caracteres", porque el carácter es un conjunto dinámico de actitudes personales hasta cierto punto decididas o espontáneas, mientras que el temperamento es una disposición natural, congénita e innata. El carácter se conforma sobre el temperamento, pero no es sólo temperamento, sino que incorpora lo que el esfuerzo y el libre albedrío añaden a las disposiciones heredadas. El carácter (ethos) es nuestra doble y voluntaria naturaleza moral.

Como decía el padre de mi amigo Quico que era de Chilluévar (Santo Reino): "¡Ca'uno es Ca'uno y su 'caunidad'". Es lo que tiene "el ser que cuenta", según llama el filósofo Gómez Pin a la sigularidad del humán, "el ser que cuenta" porque esta bestia que al principio somos no sólo no se parece después a ninguna de las otras que conocemos, ni puede ser máquina, sino que además cada recreación o expresión de lo humano (lo que nosotros llamamos propiamente carácter o ethos) es tan particular y única como que Unamuno pudo afirmar con toda la razón que cada humán es especie única y no hay géneros que valgan ni sirvan para etiquetar clases de almas iguales. La igualdad sólo puede ser un principio de derecho, pero jamás de hecho. Iguales ante la ley, nada más, aunque ¡nada menos! Y de la identidad ni hablamos aquí, porque ni existe.

Si le manifiestas estimación o le obsequias una fruslería, Ariscona malicia que no le resultará tu obsequio regalado y se pregunta qué es lo que pretendes de ella. No es una criatura confiada; claro que eso puede salvarla de desaprensivos, pues la confianza mata a la mujer y al varón. Ariscona es incapaz de perdonar al que le da un codazo o le pisa el dedo gordo del pie o le empuja o le aprieta demasiado la mano al saludarla, aunque todo eso sea involuntariamente o con la mejor de las intenciones.

Puede que le pidas un favor y te diga que no, pero que luego acuda con dineros o medios para ayudarte, aun diciéndote que da el dinero que te presta por perdido o que no espera que lo que hace te sirva para mucho. Si quedas con ella, sé puntual, porque no atesora virtudes de la espera, tampoco sirve para coros ni recitales, ni para bailes y, en fin, es tal que por arisca ni reza y, por áspera, ni aguarda alegrías. Eso no quiere decir que sea una desesperada o una nihilista; no desespera del todo ya que cree en la existencia y bondad de  algo fuera de sí, aunque no sabremos nunca en qué. Pudiera decirse que no se hace muchas ilusiones, (¡la pobre!; la Ilusión es una de las madres del Ser como decía el Anacoreta Bigotudo).

Los hay que interpretan el carácter de Ariscona como grosero --ya lo hemos dicho--. Y, en efecto, hay en Asperona una tosquedad que manifiesta verbalmente en salidas de tono. Es la tipa que, si le confiesas una cuita o un apuro, te salta con "¡no es mi problema!", sin agradecerte para nada la confianza con que le has mostrado tu preocupación, tus debilidades o tu aprieto. Si Ariscona tropieza en el camino con una piedra, le echará la culpa a la piedra; si tropieza dos veces en la misma piedra, igual; y si por tercera vez, intentará convencer a la piedra de que está en mal lugar o mal colocada. 

Sin embargo, erraríamos si pensásemos que es una ególatra o una engreída. Nada de lo que hace lo hace por soberbia o prepotencia, sino por indiferencia hacia el exterior, pues vive en su mundo, que no es un paraíso, pero tampoco un infierno, el caso es que a Ariscona (también llamada Asperona o Asperiña), le cuesta una barbaridad mostrar o expresar sus verdaderos afectos.