Los libros, las redes sociales y los archivos digitales resultaban inútiles en el famoso Reino milenario de ERSILIA. La biografía de la ciudad se teje en el espacio físico, a través de relaciones humanas presenciales. Los ersilianos estaban convencidos de que los males de amor no se curan sino con la presencia y la figura, por eso sus vínculos o enlaces forman hilos de seda, de poliester y de otros muchos materiales dúctiles y flexibles, que representan lazos de parentesco, votos de amistad, impresiones de amor, guirnaldas de gratitud, farolillos de admiración, emulaciones creativas..., pero también, y desgraciadamente, fulgores de odio, verdes trepadoras de envidia, torpes deseos codiciosos, celos estranguladores, etc. Incluso los bailes en la obscuridad dejan rastros textiles en las salas y dormitorios de Ersilia.
Los hilos de tales relaciones forman figuras como hifas de micelios fúngicos, como cabelleras reticulares o ramosas, que crecen adventicias a las personas, aéreas o subterráneas, y luego quedan sueltas e independientes donde las gentes se entretuvieron intercambiendo gestos o palabras. Con el tiempo tales figuras pierden grosor o consistencia si no se cultivan las relaciones que las crearon; con el descuido se marchitan, hasta secarse o desaparecer por su olvido; algunas, efímeras, estallan como pompas de jabón en la atmósfera de Ersilia.
Sin embargo, esos tejemanejes de enredos consistentes o de ajetreos intensos se han vuelto con el tiempo un entramado tan complejo como tejido de araña y bosque muy fragoso de urdimbres complejas y tramas liosas: "trame disordinate", como las describió Marco Polo. Sí, en efecto, el famoso mercader y aventurero visitó el Reino de ERSILIA en aquellos tiempos legendarios de finales de la Edad Media, aunque permaneció en su capital poco tiempo y no quiso dar memoria amarga de su estancia allí, en ninguno de sus escritos, porque tropezó mucho en sus avenidas y se hizo varios chichones en las escalinatas de su palacio real.
Menos mal que los habitantes de esta insólita ciudad borran y aniquilan viejas relaciones que se solidificaron, para poder dibujar en su lugar paños, lanas y fieltros nuevos, que son como grafitis tridimensionales, estereogramas u hologramas, que dificultan el tránsito de un lugar a otro, pero a los Ersilianos no les importa esta dificultad y se mueven como monos en el extraño tapiz de su bosque de relaciones y vínculos materializados, descifrando por el color y la forma el sentido de nuevos y viejos apegos o desapegos.
Cuando un Ersiliano cesa (por exilio, migración o deceso), los hilos que le unían a la ciudad y a sus comunidades pueden desaparecer, dejando espacios vacíos; o pueden conservarse, eso según hubiese sido su contribución al bien común y los recuerdos de él que deja en los que permanecen vivos y civiles. Tales contenidos o vacíos admiten diferentes interpretaciones. Hay todo un ministerio dedicado a la hermenéutica de los hilos y especialistas en sensaciones, sentimientos y emociones particulares causadas por la representación del vínculo, y doctores en figuras de asco, de vergüenza, ira, placer, dolor, recelo, envidia, celos, esperanza, deseo, desprecio, etc.
Ersilia es un libro vivo. Los habitantes de esta ciudad leen en el diseño del tejido de sus calles, de sus plazas, de sus parques, del interior de sus casas, y hasta de sus cuadras y retretes, la historia sentimental de su ciudad, algo así como lo que Unamuno llamó intrahistoria: sus cambios, ausencias y presencias.
Algunas figuras, por la originalidad de los sentimientos que representaron acaban cobrando la consistencia de estatuas con título: "bofetada dulce", "puntapié de abejas", "sacrificio lustral", "asco perfecto", "abrazo tranquilizador", "cópula piadosa", "escape tecnologizado", "recuerdos profanados", "malhumor creativo". Otras de estas figuras, las mejor consolidadas, sirven en Ersilia para los estudios y formación de médicos o psicólogas, con lo que se preservaban en academias y universidades: "estupor disociativo", "seducción inapropiada", "piropo equívoco", "insinuación obscena", "halago confortador"..., son algunos de los títulos de dichas configuraciones anímicas.
Nota bene
Italo Calvino tuvo noticia y visitó Ersilia, aunque la comprendió de otro modo.
Glosa a Ersilia
En la estela hermética, solemne y atenta a la materialidad de lo invisible, de la poética de Manuel Álvarez Ortega (1923-2014):
Ersilia o la trama del ser
No es el muro el que guarda la memoria, sino el hilo, la dúctil arquitectura del deseo que anuda en el aire un parentesco de sombras. Allí, donde el labio dejó un resto de nombre, crece la hifa, el micelio del odio o la gratitud, una raíz aérea que no busca la tierra, sino el eco de otro cuerpo en la penumbra.
Ersilia es un bosque de gestos detenidos, donde el asco es estatua y el amor es guirnalda, y el caminante tropieza con el brillo del voto o el lazo de seda de una amistad antigua. Hermenéutica de la fibra: leer en el tejido la intrahistoria de una sangre que se hizo texto, y ver cómo el hombre, ese mono entre redes, descifra en el color su propio desapego.
Porque nada se pierde si el hilo se conserva: ni la bofetada dulce, ni el estupor del alma. Todo es paño nuevo, grafiti de un Dios que teje el mapa de una ausencia que aún late en el vacío.




