jueves, 23 de julio de 2026

LA CARCAJADA DE SEUTES

 

Territorio de los Odrisios en Tracia. En los tiempos en que combatieron
Seutes II y Los Diez Mil, contra otras tribus tracias,
 los griegos bajo el mando de Jenofonte (Anábasis VII)


Seutes, príncipe odrisio de Tracia, protagoniza con Los Diez Mil el libro VII de la Anábasis de Jenofonte. La Anábasis fue extraordinaria expedición de un enorme ejército mercenario griego, primero adentrándose en Persia al servicio de Ciro el Joven, contra su hermano Artajerjes II, y, tras la muerte de Ciro en la batalla de Cunaxa, de vuelta por Asia Menor. Los Diez Mil constituían una verdadera ciudad ambulante, que incluía heteras, médicos, artesanos, encargados de comercio, rebaños, etc. marchando por territorios hostiles, hasta las colonias griegas del Mar Negro (Ponto Euxino). Jenofonte de Atenas acudió voluntario a dichas tropas por amistad con Próxeno de Beocia, general griego al servicio de Ciro, como caballero libre, pero acabó asumiendo responsabilidades de jefe. Próxeno le prometió presentarle al príncipe persa y le aseguró que una amistad con Ciro el Joven le reportaría grandes beneficios, prestigio y honores.

Jenofonte, amigo y discípulo de Sócrates, al que recordará en sus Memorables, pertenecía a los eupátridas, los hippeis (caballeros) atenienses, sector que había apoyado o simpatizado con el régimen oligárquico de los Treinta Tiranos. Con la restauración de la democracia, el ambiente político en Atenas le era hostil, por lo que emprender una aventura militar en Asia Menor era una forma conveniente de alejarse de la ciudad buscando a la vez satisfacer su curiosidad y mejorar su suerte. Dudoso sobre si debía aceptar la invitación de su amigo Próxeno, Jenofonte consultó a su maestro Sócrates. Este, temiendo que aliarse con un persa le acarreara problemas políticos en Atenas (lo cual terminó ocurriendo con su posterior exilio), le sugirió consultar al Oráculo de Delfos, pero Jenofonte planteó la pregunta con trampa: no preguntó si debía ir, sino a qué dioses debía ofrecer sacrificios para tener un viaje próspero. Sócrates lo reprendió por el ardid, pero le aconsejó cumplir con los sacrificios y marchar.

Mapa con el itinerario de los Diez Mil (401-399 a. C),
relatado por Jenofonte en la Anábasis

El príncipe Seutes es uno de los caracteres más interesantes de la historia contada por Jenofonte, descendiente de Teres, fundador del reino de los odrisios, pueblo tracio que ocupaba la mayor parte del país, limitando al norte con el Danubio, al oeste con los ríos Struma e Isker y al sur y este con la costa que va de Abdera al Danubio. Tras la muerte de Seutes I en el 410 a. C., el reino de los odrisios se desintegró. El Seutes de la Anábasis era uno de los virreyes o "paradinastas" que gobernaban las tribus y heredó de su padre Mésades un territorio de gran importancia estratégica, región sudeste de la Tracia europea que rodeaba la importante colonia griega de Bizancio (luego Constantinopla, capital del imperio romano oriental; y más tarde, cuando la invasión turca: Estambul), pero Seutes no controlaba el llamado "Delta de Tracia", porque Mésades, padre de Seutes, había sido expulsado de este territorio cuando la situación de los odrisios empeoró, y su hijo anhelaba recuperar su herencia con las armas mediante una alianza con Los Diez Mil.

Como Los Diez Mil (que, tras su periplo por Asia Menor, ya no eran tantos) no encontraron la forma de embarcarse hacia su patria, la mayoría procedían de los montes del Peloponeso (Arcadia y Acaya), y Seutes les prometió una buena soldada, accedieron a combatir por él, así que las tropas griegas y las del cacique odrisio combatieron contra tinos (o tinios), tribu montaraz y belicosa, que atacó el campamento griego con nocturnidad y alevosía, hasta someter y saquear también a otras tribus de la zona como tranipsas y malenditas (a los que los griegos llamaban "melinófagos" por su afición al mijo), incluso a aquellos que se ocupaban de saquear los pecios de los naufragios ocurridos frente a sus costas, donde dice Jenofonte que encontraban urnas y "rollos de papiro escritos" junto a muchos otros objetos, siendo este el testimonio más antiguo del comercio de libros en Grecia.

Seutes presumía de antiguo pedriguí ateniense y promete a Jenofonte "el oro y el moro" si le ayuda al frente de los mercenarios. No cumplirá sus promesas, a pesar de que hoplitas y peltastas combatirán a favor del tracio, y de sí mismos para proveerse de alimentos, reses y esclavos. Peor equipados para el frío de aquellos climas, sobre las nieves los griegos lo pasan peor que los tracios, equipados estos con pieles de zorro y protegidos por túnicas largas y capas de invierno, en lugar de las ligeras clámides de los helenos.

En una de aquellas batallas cuenta Jenofonte cómo combate junto a Seutes y este y los suyos abaten sin clemencia a los enemigos con jabalinas y espadas. Sin embargo, había un tal Epístenes de Olinto, pederasta, el cual, viendo a un joven hermoso, recién entrado en la pubertad con un escudo ligero, que iba a ser sacrificado por los de Seutes, corrió hacia Jenofonte suplicándole que socorriera al chaval. Jenofonte se acerca a Seutes y le pide que no mate al chico, detallándole la manera de ser de Epístenes y que éste una vez reclutó a toda una compañía escogida por la belleza de sus miembros y que combatía en compañía de éstos con gran valor.

En tales y violentas circunstancias, Seutes pregunta a Epístenes si está dispuesto a morir él en lugar del chico y Epístenes extiende el cuello y responde: "Golpea con tu espada, si lo manda el chico y piensa agradecérmelo". Seutes, entonces, se vuelve al niño y le pregunta si le da el golpe mortal al griego en su lugar. El muchacho no lo consiente y suplica por la vida de los dos, a lo que Epístenes abraza al niño y exclama: "¡Es hora para ti, Seutes, de luchar conmigo por este niño, pues no lo soltaré!". El príncipe Seutes los deja a ambos vivir y se da la vuelta, soltando una gran carcajada.

***

Los eruditos discuten si este Epístenes de Olinto es el mismo Epístenes de Anfípolis, capitán de los peltastas en la batalla de Cunaxa, porque Olinto y Anfípolis era ciudades griegas próximas. Como se sabe, en el ámbito militar, y no sólo entre lacedemonios, era frecuente entre los griegos la pederastia.

Nota bibliográfica 

He manejado como fuente para esta entrada la extraordinaria edición de la Anábasis de la editorial Cátedra, a cargo de Carlos Varias, que incluye introducción, mapa e índice de nombres propios y gentilicios, en la colección Letras Universales, Madrid 2010. Y para los mapas y precisión de algunos datos la IA Gemini de Google.

jueves, 2 de julio de 2026

TORRE OLEARIA




"No me pidas recuerdos, no me pidas
labios volcados a un poniente oscuro.
Deja al papel sin pauta de la noche
la voz del mundo."

Oda de Antonio Carvajal


 Oldeta Olea había estudiado en conservatorio y dominaba violonchelo. Cantaba como los ángeles: soprano lírica. Se llevó en su juventud varios sinsabores emocionales que la dejaron triste, la declinaron sin voluntad y sin ilusiones, como quien ya no desea querer ni quiere desear, como quien ya no aprecia la vida ni esperanza sus pasiones. No veía por doquier sino pelafustanes y protervos o necios sueltos y desamparados, cómplices conjurados para dominar mundos o sufrirlos.

Hija única, Oldeta perdió a sus padres temprano. Salió adelante solitaria, lamiéndose heridas  como buey solo. En cuanto rearmó su carácter realimentando su ánimo con lecturas de los clásicos y disciplinando su soledad con virtuosismos de intérprete, se fue a vivir a una torre próxima al mar, una ruina que compró barata y rehabilitó con cuidados de dueña y buen gusto de artista. Cuando hubo terminado de pintar sus muros interiores, los tapizó con libros en diferentes lenguas, con tapices y fotos, con apliques y cuadros. 

La experiencia le había hecho aceptar el sentido trágico de la existencia humana y la soledad esencial de los capaces. Oldeta se dispensó de quimerizar, a sabiendas que para el carácter que reflexiona, la realidad pinta mal, distópica y encarnadura de lo impensable... Fabricóse en su torre y alrededor de ella refugio y entretenta, motivo de irreflexión. Taller, huerto y biblioteca, no necesitaba más. Allí, en las afueras de una pequeña ciudad provinciana, Oldeta habitaba a media luz, evidenciándose misteriosa: andaba a pasitos, bebía a sorbitos, comía a bocadillos y a empujoncitos defecaba y orinaba, distraída de su perla íntima y olvidando frustraciones. 

Mostrábase ponderada y diferente a la canalla, pero se regalaba maternalista con quienes acudían a sus lecciones de violonchelo y ahuchaban en mente sus sensatas palabras. Mostrábase munífica con curiosos e inquietos y casi se dejaba robar el tiempo por señorona. Con ella aprendían sus alumnos más que solfeo y música, también buenos modales y sentido crítico. 

Enseñó que la ética verdadera manda vivir al margen de una sociedad dominada por el interés material de neuróticos poderosos y por gentes de vanidad y empeño, que son como naturalezas acatantes y absortas en el futuro, gurruminos y querindongas con tendencia al despilfarro... 

"¡Aprended, aprended primero --recomendaba-- por si alguna vez pretendéis pensar por vuestra cuenta!".

Imponía a sus prosélitos no admitir honores ni apoyarse en retóricos derechos, no quejarse de cuanto nos quiten los mandamases, porque eso supone haberlo tomado antes. Decía de sí que no era nadie, pues nada ambicionaba dominar o poseer del todo.

El congoleño Aarón Sadiki, uno de los jóvenes a los que instruía en el dorremí, se prendó de Oldeta. No hicieron caso a la diferencia de edad y entraron en comercios íntimos. Todavía tuvo tiempo de darse un hijo, a sí y a su amante, con lo que también se aseguró futuro y compañía viva. Sin embargo, a Aarón no "le ponía" paternidad. Y a los cinco años de intimidades con Oleta prescindió de su amabilidad y matronazgo. El africano, ansiando nuevos placeres, dejó la Torre Olearia (que así llegó a llamarse) por los encantos de una jovencita que hacía ferias con su familia en el pueblo, vendiendo entradas para las cunicas de La Gran Noria.  

Oleta no sufrió demasiado ni largo tiempo por la huida del congoleño bigardo, aunque echó de menos sus cálidos pulpejos y lamentó a su manera la desolaciòn de haberle conocido y constatado. Mas halló alegría en la crianza y educación de su vástago mulato y ocupación concentrada en lecturas y artesanías. Pese a los hechos, no se desencantó ni rehusó la existencia mundana; su voluntad deferida había de ser más pura que la razón y su experiencia. Su torre acabó convertida en centro cultural de primer orden. Ella se significaba como única lutier que quedaba en la provincia para restaurar instrumentos, calafatear bandurrias, afinar cuerdas de pianos o limpiar tripas de acordeones.

Conocí al hijo de Oldeta y de Aarón por casualidad, un tipo guapo, listo, con piel de chocolate. No revelaré su nombre. Contaré que no había conocido a su padre ni lo lamentaba. Tocábamos juntos en la misma orquesta; yo el violín y él la viola. Nos hicimos amigos porque jugaba ajedrez. Gustaba practicar aperturas extrañas cuando salía con blancas. Gracias a él tuve la suerte de conocer a Oldeta anciana y el privilegio de hacer tertulia en Torre Olearia. La famosa maestra ya sufría la vida porque apenas podía moverse a causa de artrosis severa, pero su conversación todavía transcurría sabia; el tesoro de sus recuerdos, muy interesante. 

En uno de nuestros encuentros me dijo palabras que no olvidaré. Las copio aquí para asegurarme de no olvidarlas:

"Un día cederá tu manía de protestar como ansioso deseante...; en unos años olvidarás amar, suceso este que, por lo demás, te pasará inadvertido; y otro año, por fin, cuando hayas devenido anciano, si ese daño alcanzas, te descubrirás más lejos del rubor y del deseo que de los pañales".

He escrito estas notas como borrador de su necrológica. Ayer mismo entregó su alma a Dios Oldeta Olea. En su despedida fúnebre sonó pieza de Juan Sebastián Bach, interpretada por una de sus discípulas. Mucha gente derramó lágrimas por su pérdida. En el entierro no se supo nada del padre de mi amigo. Por un momento de prodigio, no se oyó la voz del mundo, sino la del cielo.


miércoles, 24 de junio de 2026

MARCONIO SUBJETIVISTA

 

Dibujo de Marconio con Marcia al fondo

En aquellos remotos tiempos llamados Era del Pensar Agraz o Edad del Mandamiento Único, el acólito Marconio Fabricio, fundador del que luego fue llamado "Movimiento Subjetivo", deslizó inopinadamente en informe oficial la expresión "a mi juicio", lo que le valió suspenso y amonestación de muslimes autorizados y patriarcas condecorados. Marconio fue amenazado con azotes públicos e inhabilitación eterna para ostentar jerarquía y nombre si persistía en la extravagancia de mantener juicio propio.

Frustrado, el joven monaguillo abandonó la Metrópolis, menos mal que una hembra hortelana le recogió labrador protegido y lo conformó amante en su pago remoto, lo cual permitió al subjetivista Marconio la composición de ciento cinco tratados, entre ellos, los célebres: Supuestos del Juicio, Análisis del Término Infinito y El lugar de la Reflexión

Se hizo famosa su definición de Ciencia: "Conjunto de proposiciones que poseen una determinada forma", con esto Marconio hacía verdaderos y falsos a la vez todos los saberes, ya que su admisibilidad dependía de la coherencia de su estructura y no de su contenido. Así que explicar es, para nuestro autor, dar forma conceptual, es decir, la nuestra, pues todo saber es antropomórfico. Por ejemplo, la Teoría del Pacto social, hipótesis convenida por las autoridades y que justifica la obediencia que prestamos a los poderosos.

Otro de sus aforismos aclara: "Debe eliminarse toda esperanza de hallar una naturaleza común en las cosas". Marconio consideraba todas las nociones meras palabras arbitrarias y terminologías útíles para designar incognoscibles, pues pensaba que toda ciencia es mera convención en sus principios axiomáticos (y por tanto, también, en sus deducciones y teoremas), mera convención o imposición arbitraria, como cualquier idea del mundo: "con el pensamiento construimos formas y nada más que formas, por lo que toda Filosofía resulta Arte" --concluía. 

A lo que añadía esta copla: 

"El sentimiento es base y cima / que en el cuerpos se alberga / y en el pensar anida. / No es fruto de Inteligencia / más que nublo y pretensión / de la humana condición".

Pensaba Marconio que todo sistema cognitivo depende de prenociones intuitivas, anteriores a las ideas y que residen en el temperamento o talante, cuya integración en un caràcter subjetivo particular conforma personalidades. Por consiguiente, ningún saber constata realidad, sólo sabemos de la realidad que es una continua e incognoscible Creación, un flujo incesante que se expresa en Vida e Historia.

Aprovechando la ausencia de Marcia por viaje de negocios, un sicario enviado por las autoridades envenenó a Marconio Fabricio e hizo desaparecer sus restos mortales. A su vuelta, ante la ausencia inesperada de su amigo, Marcia cayó en el desconsuelo y se dejó morir inapetente.


jueves, 11 de junio de 2026

ESCLAVA ERUDITA

 


Sucedió en un mercado persa de esclavos. Hace tiempo, pero no demasiado. El Sultán con su séquito escudriñaba oferta de jóvenes servidores en escaparate de indecorosa venta. Dióse cuenta Mahmud --que así se llamaba el sultán-- de que una muchacita, no especialmente hermosa, marcaba precio muy superior al de otras esclavas.

Tuvo el Sultán curiosidad de saber qué tenía de excepcional aquella chica para minutar tan fuerte. Hizo gesto de autoridad con su poderosa mano repleta de piedras preciosas para que la muchacha se acercase. Ella se adelantó marcando ritmo armónico y dignísimo con sus femeniles caderas, simpar armonía y elegante paso que el Sultán no había visto jamás en esclava alguna. Y le preguntó por qué su precio fuere tan elevado.

-- Me distingo por mi inteligencia.

Intrigado, el sátrapa quiso preguntarle algo para comprobar sus talentos...

-- Si respondes correctamente, te libertaré. Si no, castigaré tu vanidad con la muerte... ¿Cuál es el más bello de los vestidos, el perfume más agradable, la comida más deliciosa, la cama más cómoda y el país más hermoso?

La joven permaneció serena y volviéndose hacia el traficante de humanas criaturas le dijo: "Prepárame un caballo, abandonaré este mercado y transcurriré libre".

-- El vestido más hermoso es la camisa del pobre, pues no posee más que una que le sirve para el verano y el invierno.

>> El más agradable de los perfumes es de una madre, aunque trabaje como limpiadora de aseos públicos.

>> El plato más delicioso es el que uno devora cuando tiene hambre, porque para el hambriento el pan duro resulta delicioso.

>> La cama mejor mullida y más cómoda es la del que duerme en paz consigo y con el prójimo; si tienes un cargo de conciencia, incluso un lecho de plumón te parecerá espìnoso.

Calló la joven y ya se dirigía hacia el tratante, cuando el Sultán la llamó a voces:

-- ¡No has respondido a la última pregunta!

--Tiene razón, Majestad, el país más bello es aquel en el que los ciudadanos son libres y no están gobernados por ignorantes, ladrones y corruptos.

(sobre un relato en francés de Tania Escoba, en Quora) 


martes, 5 de mayo de 2026

CORTESANAS Y SOFISTAS

 Se cree que Alcifrón nació en Atenas, a juzgar por su conocimiento del griego ático y la topografía ateniense de sus ficciones. Fue un escritor griego del siglo II contemporáneo de Luciano. Se le considera notable representante de la Segunda Sofística, un movimiento ilustrado y restaurador de la cultura helénica. Amigo de las antiguedades, las grandes figuras de la época de Pericles y de Alejandro Magno aparecen como personajes de sus cartas.

Fue en efecto Alcifrón el más famoso epistológrafo de su época. Sus elegantes epístolas apócrifas han sido escritas, presuntamente, por pescadores, labradores, parásitos (pícaros y gorrones profesionales) y por cortesanas (heteras o prostitutas). En una de estas cartas, la hermosa Tais le reprocha a Eutidemo (erista del siglo V a. C. y protagonista de un diálogo de Platón) el aire grave que se da desde que profesa la filosofía. Ahora se dirige a la Academia y pasa por delante de su casa, la de Tais, con porte digno y un libro en la mano, como si no la conociera de nada. ¡Y eso que ella prefiere dormir con Eutidemo entre sus brazos a todo el oro de las enseñanzas filosóficas!

Tais amenaza a Eutidemo con entregarse a otro sofista que la pretende, el mismo que despliega ante Eutidemo y otros jóvenes de su edad sus admirables razonamientos de gurú intelectual y moral...

"Este misógino maestro no se contenta con los habituales placeres de la noche. Sus lecciones son pura charlatanería, humo fatuo y dinero perdido en balde por vosotros los jóvenes, pobre insensato. ¿Crees que un sofista se diferencia tanto de una cortesana? Quizá tan sólo en el hecho de que uno y otro intentan persuadir por distintas vías, ya que el objetivo común a ambos es conseguir ganancias. Nosotras somos un tanto mejores y más piadosas, pues no afirmamos que los dioses no existan y, encima, depositamos nuestra confianza en unos clientes que juran amarnos. No consideramos lícito que los hombres tengan relaciones sexuales con hermanas y madres, ni tampoco con esposas de otros. Quizá, porque ignoramos de dónde proceden las nubes o cuál es la naturaleza de los átomos, por tal motivo nos juzgas inferiores a los sofistas. Sin embargo, yo, en persona, he frecuentado su escuela y he hablado con muchos de ellos. Pues bien, ni uno solo, cuando está con una cortesana, sueña con tiranías ni trama revoluciones, sino que, por el contrario, permanece tranquilo y profundamente embriagado, estirando lo que puede el momento de levantarse hasta la tercera o cuarta hora. Además, nosotras no educamos a los jóvenes de peor manera que ellos. Anda, compara, si lo crees conveniente, entre Aspasia, la cortesana (1), y Sócrates (2), el sofista. Decide cuál de los dos fue mejor educador. Verás que Pericles fue discípulo de ella, Critias (3), en cambio, de él. Eutidemo, aleja de ti esta locura y esta severa actitud, amor mío. No hay derecho a que unos ojos como los tuyos estén tristes".

Otra de las cartas inventadas por Alcifrón es la que dirige la cortesana Leontion (de la que se dice que fue amante de Epicuro) a Lamia, su confidente. En esta epístola Leontion se queja de que no hay nada más desagradable que un viejo que presuma de juventud, refiriendose al fundador de la escuela filosófica hedonista.  Dice Leontion que Epicuro la ha echado de su Jardín y que la censura por todo, que le escribe cartas sin pies ni cabeza emborronadas por los celos cuando ya frisa los ochenta años de edad. Le reprocha, además, su falta de aseo y de compostura...

"Que se guarde para él sus Principales máximas sobre la Naturaleza y su retorcido Canon y, en cambio, que a mí me deje ser dueña de mi persona de una forma natural y estar libre de cóleras e insolencias"

Leontion llama "asediador de cabellos blanquecinos" a Epicuro y concluye su carta diciendo que el filósofo carece de dignidad en lo que respecta al amor. Anuncia a su amiga Lamia que va a dejarlo por un jovencito con el que disfruta a tope.

Las distintas cortesanas protagonistas de las cartas de Alcifrón son expertas en cuestiones amorosas. Un ingenioso expediente que urden las que ejercen esta profesión es retrasar el momento de satisfacer el deseo del solicitante para reinar sobre los amantes a través de ilusiones. Glícera le da gran lección a Menandro (4) advirtiéndole de lo poco que dura la pasión sin el discernimiento que ella valora grandemente...

"En verdad, Menandro, temo la brevedad propia de un deseo vehemente, pues el amor pasional es tan violento como frágil. En cambio, los que lo han fortalecido de una manera reflexiva, el vínculo en éstos es ya más indisoluble, al no estar exento de placer ni tampoco dominado por la ansiedad".

Notas

(1) El ejercicio de la profesión de hetera o cortesana por parte de Aspasia, amante y compañera de Pericles, no está confirmado históricamente. Plutarco recuerda las dotes excepcionales de Aspasia y sus íntimas relaciones con Pericles.
(2) Académicamente no se acepta el calificativo de "sofista" aplicado a Sócrates, aunque Aristófanes lo tuvo por tal, como puede verse en su comedia Nubes, en la que caricaturiza al Tábano de Atenas.
(3) Critias, aristócrata ateniense, fue hombre de letras y oligarca que formó parte de la dictadura de los Treinta (404-403 a. C.), cómplice por tanto de sus crimenes.
(4) Menandro (c. 342- c. 291 a.C.), máximo exponente de la Comedia Nueva ateniense.


miércoles, 22 de abril de 2026

CIPRÉS EN EL JARDÍN

 

Taisen Deshimaru. "Crisantemos silvestres"


Al doctor Francisco José Ramos González, 
gran conocedor del budismo zen.


A principios del siglo VI, Shen-Kuan se angustiaba porque no podía comprender la doctrina del Primer Patriarca (Bodhidharma). Este le negaba la revelación y se desentendía de las pretensiones del fiel, negándole su magisterio. Para probarle la sinceridad de su fe, Shen-Kuan se cortó el brazo izquierdo. Bodhidharma entonces tuvo a bien interrumpir su silencio de muchos años y le preguntó al automutilado qué deseaba.

-- No hallo la tranquilidad. Pacifícame, te lo suplico.

-- Muéstrame tu mente y te daré paz --le dijo Bodhidharma.

-- Pero es que cuando busco mi mente no la encuentro --respondió el joven prosélito.

-- Bien, entonces ya estás en paz.

Shen Kuan recibió en ese momento una brusca iluminación, como un súbito relámpago que tocara su cerebro (satori).

Pudo ser este mismo adepto, ya ennoblecido por la sabiduría, el mismo a quien en otro momento crucial preguntaron: "¿Por qué vino del oeste el Primer Patriarca?". A lo que el ya iniciado respondió: "El ciprés en el huerto".

***

He conocido otras versiones del mismo Koan, v. gr., en la que a la misma o parecida pregunta, el maestro Joshu contesta: "Un roble en el jardín".

Taisen Deshimaru (1914-1982), que supo inspirar en Europa la práctica del zen comenta este koan:

-- Las palabras no pueden describirlo todo. El mensaje del corazón no puede ser transmitido mediante palabras.

>> Si alguien quiere entender las palabras literalmente, estará perdido.

>> Y si intenta explicar lo que sea con palabras, no alcanzará la iluminación en esta vida.

***

Notas sobre la figura del Bodhidharma


1. La palabra "Bodhidharma" se compone de dos términos de origen sanscrito (indio): "Bodhi" significa despertar o iluminación y procede de a misma raíz que "Buda" (el despierto). "Dharma" se puede traducir por ley universal, orden o sabiduría del Buda. Por tanto, Bodhidharma es aquel cuya enseñanza consiste en despertar.

2. Histórica y míticamente, Bodhidharma (Daruma en Japón y Dámó en China) fue un monje de origen indio (probablemente un príncipe del sur del Indostán) que vivió entre los siglos V y VI. Se le considera el Primer Patriarca del Budismo Zen (Chan): Se le atribuye haber llevado el budismo a China, enfocándose, no en el estudio de textos sagrados, sino en la meditación directa y el silencio. Su filosofía se resume en la transmisión "de corazón a corazón", más allá de las palabras. Según la leyenda, pasó nueve años meditando frente a la pared de una cueva cerca del Monasterio Shaolin. Se dice que sus piernas se atrofiaron (de ahí los muñecos Daruma japoneses que carecen de extremidades), también se cuenta que se arrancó los párpados para no dormirse, de sus párpados, según el mito, procede el té.

3. A Bodhidharma se le considera tradicionalmente el fundador del Kung Fu Shaolin (arte marcial). Según la tradición, al ver el estado físico tan débil de los monjes chinos tras largas horas de meditación, les enseñó una serie de ejercicios respiratorios y de combate para fortalecer el cuerpo, bajo la premisa de que "mente y cuerpo son uno solo".

4. Bodhidharma despreciaba las palabras para comprender lo real...

No obstante, matizando este "desprecio", el profesor Francisco José Ramos comenta:

"Despreciar las palabras es una manera de seguir aferrado a ellas. Eso lo aprendí con Dogen, al recalcar que las palabras son una oportunidad para rebasar las barreras que el propio lenguaje impone".

lunes, 20 de abril de 2026

TIERRA & CIELO

 


En un pueblecito encajado entre colinas de huertas y cerros de matorral y bosque, una joven llamada Eleara dedicaba muchas de sus horas de vigilia a la cerámica, por eso tenía las manos perpetuamente teñidas de la arcilla roja que modelaba. Sus vasijas parecían talladas por el viento y el agua más que por extremidades humanas.

Después de un sueño en que volaba, Eleara despertó grávida a la luz del día con el impulso de esculpir, no una vasija útil, sino un recordatorio bello, una corona que, al secarse al sol, tomó un tono ambarino de ocre desgastado. Mientras la corona se endurecía, Eleara levantó su mirada al cielo, reclamada su atención por el canto inconfundible del Pájaro del Ábrego. 

En el pueblo se decía que tal criatura maravillosa sólo aparecía ante aquellos destinados a cambiar de forma. El cuerpo de aquella ave legendaria era un torbellino de rosa sonrojado y terracota, y sus alas extendidas en vuelo mostraban toques de púrpura real; sus ojos, marcados con un anillo de carmín intenso, miraban directamente almas.

Urgida por el silbo intenso del Pájaro del Ábrego, el corazón parecía querérsele salir del pecho a Eleara cuando se colocó en la cabeza la corona de arcilla, pesada y tosca. Levantó un brazo con la mano abierta, gesticulando no solo hacia el pájaro, sino hacia el vasto y desconocido horizonte que se extendía más allá de su pequeño pueblo. Al hacerlo, sintió una transformación puramente espiritual. El Pájaro del Ábrego no se posó sobre ella, pero su presencia fue un catalizador…

Las líneas que definían el contorno de su cuerpo comenzaron a fusionarse con el paisaje: las manchas de verde musgo y ocre polvoriento de las colinas fluían a través de sus tejidos como energías vitales, como una corrinete eléctrica. La corona pesaba también sobre su espalda transformándose no en plumas, sino en una especie de gasa etérea, de seda transparente. Eleara se dio cuenta de que su destino no era volar como pájaro, sino fusionar su amor por la tierra con el espíritu de vuelo.

No fue un cambio limpio y nítido, sino la metamorfosis de cuepo en una especie de garabato dinámico de persona, testimonio lleno de pasión y movimiento. Eleara se convirtió en Guardiana de la memoria, en Suma Sacerdotisa de la Tierra con los ojos puestos en el Cielo, y su corona de barro se convirtió en símbolo sagrado, expresión intemporal de que el vuelo más verdadero es aquel que te conecta, no el que te separa de tus raíces.