martes, 5 de mayo de 2026

CORTESANAS Y SOFISTAS

 Se cree que Alcifrón nació en Atenas, a juzgar por su conocimiento del griego ático y la topografía ateniense de sus ficciones. Fue un escritor griego del siglo II contemporáneo de Luciano. Se le considera notable representante de la Segunda Sofística, un movimiento ilustrado y restaurador de la cultura helénica. Amigo de las antiguedades, las grandes figuras de la época de Pericles y de Alejandro Magno aparecen como personajes de sus cartas.

Fue en efecto Alcifrón el más famoso epistológrafo de su época. Sus elegantes epístolas apócrifas han sido escritas, presuntamente, por pescadores, labradores, parásitos (pícaros y gorrones profesionales) y por cortesanas (heteras o prostitutas). En una de estas cartas, la hermosa Tais le reprocha a Eutidemo (erista del siglo V a. C. y protagonista de un diálogo de Platón) el aire grave que se da desde que profesa la filosofía. Ahora se dirige a la Academia y pasa por delante de su casa, la de Tais, con porte digno y un libro en la mano, como si no la conociera de nada. ¡Y eso que ella prefiere dormir con Eutidemo entre sus brazos a todo el oro de las enseñanzas filosóficas!

Tais amenaza a Eutidemo con entregarse a otro sofista que la pretende, el mismo que despliega ante Eutidemo y otros jóvenes de su edad sus admirables razonamientos de gurú intelectual y moral...

"Este misógino maestro no se contenta con los habituales placeres de la noche. Sus lecciones son pura charlatanería, humo fatuo y dinero perdido en balde por vosotros los jóvenes, pobre insensato. ¿Crees que un sofista se diferencia tanto de una cortesana? Quizá tan sólo en el hecho de que uno y otro intentan persuadir por distintas vías, ya que el objetivo común a ambos es conseguir ganancias. Nosotras somos un tanto mejores y más piadosas, pues no afirmamos que los dioses no existan y, encima, depositamos nuestra confianza en unos clientes que juran amarnos. No consideramos lícito que los hombres tengan relaciones sexuales con hermanas y madres, ni tampoco con esposas de otros. Quizá, porque ignoramos de dónde proceden las nubes o cuál es la naturaleza de los átomos, por tal motivo nos juzgas inferiores a los sofistas. Sin embargo, yo, en persona, he frecuentado su escuela y he hablado con muchos de ellos. Pues bien, ni uno solo, cuando está con una cortesana, sueña con tiranías ni trama revoluciones, sino que, por el contrario, permanece tranquilo y profundamente embriagado, estirando lo que puede el momento de levantarse hasta la tercera o cuarta hora. Además, nosotras no educamos a los jóvenes de peor manera que ellos. Anda, compara, si lo crees conveniente, entre Aspasia, la cortesana (1), y Sócrates (2), el sofista. Decide cuál de los dos fue mejor educador. Verás que Pericles fue discípulo de ella, Critias (3), en cambio, de él. Eutidemo, aleja de ti esta locura y esta severa actitud, amor mío. No hay derecho a que unos ojos como los tuyos estén tristes".

Otra de las cartas inventadas por Alcifrón es la que dirige la cortesana Leontion (de la que se dice que fue amante de Epicuro) a Lamia, su confidente. En esta epístola Leontion se queja de que no hay nada más desagradable que un viejo que presuma de juventud, refiriendose al fundador de la escuela filosófica hedonista.  Dice Leontion que Epicuro la ha echado de su Jardín y que la censura por todo, que le escribe cartas sin pies ni cabeza emborronadas por los celos cuando ya frisa los ochenta años de edad. Le reprocha, además, su falta de aseo y de compostura...

"Que se guarde para él sus Principales máximas sobre la Naturaleza y su retorcido Canon y, en cambio, que a mí me deje ser dueña de mi persona de una forma natural y estar libre de cóleras e insolencias"

Leontion llama "asediador de cabellos blanquecinos" a Epicuro y concluye su carta diciendo que el filósofo carece de dignidad en lo que respecta al amor. Anuncia a su amiga Lamia que va a dejarlo por un jovencito con el que disfruta a tope.

Las distintas cortesanas protagonistas de las cartas de Alcifrón son expertas en cuestiones amorosas. Un ingenioso expediente que urden las que ejercen esta profesión es retrasar el momento de satisfacer el deseo del solicitante para reinar sobre los amantes a través de ilusiones. Glícera le da gran lección a Menandro (4) advirtiéndole de lo poco que dura la pasión sin el discernimiento que ella valora grandemente...

"En verdad, Menandro, temo la brevedad propia de un deseo vehemente, pues el amor pasional es tan violento como frágil. En cambio, los que lo han fortalecido de una manera reflexiva, el vínculo en éstos es ya más indisoluble, al no estar exento de placer ni tampoco dominado por la ansiedad".

Notas

(1) El ejercidio de la profesión de hetera o cortesana por parte de Aspasia, amante y compañera de Pericles, no está confirmado históricamente. Plutarco recuerda las dotes excepcionales de Aspasia y sus íntimas relaciones con Pericles.
(2) Académicamente no se acepta el calificativo de "sofista" aplicado a Sócrates, aunque Aristófanes lo tuvo por tal, como puede verse en su comedia Nubes, en la que caricaturiza al Tábano de Atenas.
(3) Critias, aristócrata ateniense, fue hombre de letras y oligarca que formó parte de la dictadura de los Treinta (404-403 a. C.), cómplice por tanto de sus crimenes.
(4) Menandro (c. 342- c. 291 a.C.), máximo exponente de la Comedia Nueva ateniense.


miércoles, 22 de abril de 2026

CIPRÉS EN EL JARDÍN

 

Taisen Deshimaru. "Crisantemos silvestres"


Al doctor Francisco José Ramos González, 
gran conocedor del budismo zen.


A principios del siglo VI, Shen-Kuan se angustiaba porque no podía comprender la doctrina del Primer Patriarca (Bodhidharma). Este le negaba la revelación y se desentendía de las pretensiones del fiel, negándole su magisterio. Para probarle la sinceridad de su fe, Shen-Kuan se cortó el brazo izquierdo. Bodhidharma entonces tuvo a bien interrumpir su silencio de muchos años y le preguntó al automutilado qué deseaba.

-- No hallo la tranquilidad. Pacifícame, te lo suplico.

-- Muéstrame tu mente y te daré paz --le dijo Bodhidharma.

-- Pero es que cuando busco mi mente no la encuentro --respondió el joven prosélito.

-- Bien, entonces ya estás en paz.

Shen Kuan recibió en ese momento una brusca iluminación, como un súbito relámpago que tocara su cerebro (satori).

Pudo ser este mismo adepto, ya ennoblecido por la sabiduría, el mismo a quien en otro momento crucial preguntaron: "¿Por qué vino del oeste el Primer Patriarca?". A lo que el ya iniciado respondió: "El ciprés en el huerto".

***

He conocido otras versiones del mismo Koan, v. gr., en la que a la misma o parecida pregunta, el maestro Joshu contesta: "Un roble en el jardín".

Taisen Deshimaru (1914-1982), que supo inspirar en Europa la práctica del zen comenta este koan:

-- Las palabras no pueden describirlo todo. El mensaje del corazón no puede ser transmitido mediante palabras.

>> Si alguien quiere entender las palabras literalmente, estará perdido.

>> Y si intenta explicar lo que sea con palabras, no alcanzará la iluminación en esta vida.

***

Notas sobre la figura del Bodhidharma


1. La palabra "Bodhidharma" se compone de dos términos de origen sanscrito (indio): "Bodhi" significa despertar o iluminación y procede de a misma raíz que "Buda" (el despierto). "Dharma" se puede traducir por ley universal, orden o sabiduría del Buda. Por tanto, Bodhidharma es aquel cuya enseñanza consiste en despertar.

2. Histórica y míticamente, Bodhidharma (Daruma en Japón y Dámó en China) fue un monje de origen indio (probablemente un príncipe del sur del Indostán) que vivió entre los siglos V y VI. Se le considera el Primer Patriarca del Budismo Zen (Chan): Se le atribuye haber llevado el budismo a China, enfocándose, no en el estudio de textos sagrados, sino en la meditación directa y el silencio. Su filosofía se resume en la transmisión "de corazón a corazón", más allá de las palabras. Según la leyenda, pasó nueve años meditando frente a la pared de una cueva cerca del Monasterio Shaolin. Se dice que sus piernas se atrofiaron (de ahí los muñecos Daruma japoneses que carecen de extremidades), también se cuenta que se arrancó los párpados para no dormirse, de sus párpados, según el mito, procede el té.

3. A Bodhidharma se le considera tradicionalmente el fundador del Kung Fu Shaolin (arte marcial). Según la tradición, al ver el estado físico tan débil de los monjes chinos tras largas horas de meditación, les enseñó una serie de ejercicios respiratorios y de combate para fortalecer el cuerpo, bajo la premisa de que "mente y cuerpo son uno solo".

4. Bodhidharma despreciaba las palabras para comprender lo real...

No obstante, matizando este "desprecio", el profesor Francisco José Ramos comenta:

"Despreciar las palabras es una manera de seguir aferrado a ellas. Eso lo aprendí con Dogen, al recalcar que las palabras son una oportunidad para rebasar las barreras que el propio lenguaje impone".

lunes, 20 de abril de 2026

TIERRA & CIELO

 


En un pueblecito encajado entre colinas de huertas y cerros de matorral y bosque, una joven llamada Eleara dedicaba muchas de sus horas de vigilia a la cerámica, por eso tenía las manos perpetuamente teñidas de la arcilla roja que modelaba. Sus vasijas parecían talladas por el viento y el agua más que por extremidades humanas.

Después de un sueño en que volaba, Eleara despertó grávida a la luz del día con el impulso de esculpir, no una vasija útil, sino un recordatorio bello, una corona que, al secarse al sol, tomó un tono ambarino de ocre desgastado. Mientras la corona se endurecía, Eleara levantó su mirada al cielo, reclamada su atención por el canto inconfundible del Pájaro del Ábrego. 

En el pueblo se decía que tal criatura maravillosa sólo aparecía ante aquellos destinados a cambiar de forma. El cuerpo de aquella ave legendaria era un torbellino de rosa sonrojado y terracota, y sus alas extendidas en vuelo mostraban toques de púrpura real; sus ojos, marcados con un anillo de carmín intenso, miraban directamente almas.

Urgida por el silbo intenso del Pájaro del Ábrego, el corazón parecía querérsele salir del pecho a Eleara cuando se colocó en la cabeza la corona de arcilla, pesada y tosca. Levantó un brazo con la mano abierta, gesticulando no solo hacia el pájaro, sino hacia el vasto y desconocido horizonte que se extendía más allá de su pequeño pueblo. Al hacerlo, sintió una transformación puramente espiritual. El Pájaro del Ábrego no se posó sobre ella, pero su presencia fue un catalizador…

Las líneas que definían el contorno de su cuerpo comenzaron a fusionarse con el paisaje: las manchas de verde musgo y ocre polvoriento de las colinas fluían a través de sus tejidos como energías vitales, como una corrinete eléctrica. La corona pesaba también sobre su espalda transformándose no en plumas, sino en una especie de gasa etérea, de seda transparente. Eleara se dio cuenta de que su destino no era volar como pájaro, sino fusionar su amor por la tierra con el espíritu de vuelo.

No fue un cambio limpio y nítido, sino la metamorfosis de cuepo en una especie de garabato dinámico de persona, testimonio lleno de pasión y movimiento. Eleara se convirtió en Guardiana de la memoria, en Suma Sacerdotisa de la Tierra con los ojos puestos en el Cielo, y su corona de barro se convirtió en símbolo sagrado, expresión intemporal de que el vuelo más verdadero es aquel que te conecta, no el que te separa de tus raíces.

 

viernes, 27 de marzo de 2026

ARISCONA

 


No crean ustedes que Ariscona --también conocida por Asperona-- es mala persona. Aunque pudiéramos decir otra cosa por la rudeza de su trato y la acritud de sus relaciones sociales, es decir por el desabrimiento con que trata a sus prójimos, trato que algunos podrían confundir con fea grosería. No hay mala fe en Ariscona, sólo ensimismamiento tenaz, como si andase perdida casi siempre en sus laberintos interiores o en intimidades insondables. Si le preguntáis por algo en mala hora o cuando está concentrada en su labor, os contestará brusca: "¡Déjame, no me molestes!". O se hará la distraída hasta que le preguntes tres veces por lo que quieres saber. Para que te haga caso, tendrás que insistir.

Lo Arisco (así en general, como temperamento humano) se halla en el extremo negativo y opuesto a la Afabilidad del atento, cordial, gentil y campechano. Arisco es el tabernero "esaborío" que te mira con aparente desprecio o afectada altivez y ni te agradece la propina, pero que jamás escupirá en tu copa ni te cobrará de más. Seco, pero fiable. La "aspereza" (authadia, en griego clásico) puede pasar a veces por arrogancia hosca, pero tiene más de la prevención insegura de quien, como muchos insectos, muestra por fuera capa dura, pero es blando en su interior e incluso esconde dulzuras inéditas dentro. 

De todos modos, es fácil caer en la generalización arbitraria cuando juzgamos actitudes humanas. Téngase por ello en cuenta que, según el Principio de los Indiscernibles (Leibniz) no hay dos personas iguales, que compartan todas sus propiedades, pues, si las hubiera, serían una sola persona. Por consiguiente, la asperaza de Ariscona (a la que cariñosamente podemos llamar también Arisquina o Asperita) es tan particular como exclusiva, ya que son inútiles las categorías que han pretendido establecer antropólogos y psicólogos desde los tiempos de Teofrasto, como cajones de sastre para ordenar temperamentos de la grey humana. Mal llamados "caracteres", porque el carácter es un conjunto dinámico de actitudes personales hasta cierto punto decididas o espontáneas, mientras que el temperamento es una disposición natural, congénita e innata. El carácter se conforma sobre el temperamento, pero no es sólo temperamento, sino que incorpora lo que el esfuerzo y el libre albedrío añaden a las disposiciones heredadas. El carácter (ethos) es nuestra doble y voluntaria naturaleza moral.

Como decía el padre de mi amigo Quico que era de Chilluévar (Santo Reino): "¡Ca'uno es Ca'uno y su 'caunidad'". Es lo que tiene "el ser que cuenta", según llama el filósofo Gómez Pin a la sigularidad del humán, "el ser que cuenta" porque esta bestia que al principio somos no sólo no se parece después a ninguna de las otras que conocemos, ni puede ser máquina, sino que además cada recreación o expresión de lo humano (lo que nosotros llamamos propiamente carácter o ethos) es tan particular y única como que Unamuno pudo afirmar con toda la razón que cada humán es especie única y no hay géneros que valgan ni sirvan para etiquetar clases de almas iguales. La igualdad sólo puede ser un principio de derecho, pero jamás de hecho. Iguales ante la ley, nada más, aunque ¡nada menos! Y de la identidad ni hablamos aquí, porque ni existe.

Si le manifiestas estimación o le obsequias una fruslería, Ariscona malicia que no le resultará tu obsequio regalado y se pregunta qué es lo que pretendes de ella. No es una criatura confiada; claro que eso puede salvarla de desaprensivos, pues la confianza mata a la mujer y al varón. Ariscona es incapaz de perdonar al que le da un codazo o le pisa el dedo gordo del pie o le empuja o le aprieta demasiado la mano al saludarla, aunque todo eso sea involuntariamente o con la mejor de las intenciones.

Puede que le pidas un favor y te diga que no, pero que luego acuda con dineros o medios para ayudarte, aun diciéndote que da el dinero que te presta por perdido o que no espera que lo que hace te sirva para mucho. Si quedas con ella, sé puntual, porque no atesora virtudes de la espera, tampoco sirve para coros ni recitales, ni para bailes y, en fin, es tal que por arisca ni reza y, por áspera, ni aguarda alegrías. Eso no quiere decir que sea una desesperada o una nihilista; no desespera del todo ya que cree en la existencia y bondad de  algo fuera de sí, aunque no sabremos nunca en qué. Pudiera decirse que no se hace muchas ilusiones, (¡la pobre!; la Ilusión es una de las madres del Ser como decía el Anacoreta Bigotudo).

Los hay que interpretan el carácter de Ariscona como grosero --ya lo hemos dicho--. Y, en efecto, hay en Asperona una tosquedad que manifiesta verbalmente en salidas de tono. Es la tipa que, si le confiesas una cuita o un apuro, te salta con "¡no es mi problema!", sin agradecerte para nada la confianza con que le has mostrado tu preocupación, tus debilidades o tu aprieto. Si Ariscona tropieza en el camino con una piedra, le echará la culpa a la piedra; si tropieza dos veces en la misma piedra, igual; y si por tercera vez, intentará convencer a la piedra de que está en mal lugar o mal colocada. 

Sin embargo, erraríamos si pensásemos que es una ególatra o una engreída. Nada de lo que hace lo hace por soberbia o prepotencia, sino por indiferencia hacia el exterior, pues vive en su mundo, que no es un paraíso, pero tampoco un infierno, el caso es que a Ariscona (también llamada Asperona o Asperiña), le cuesta una barbaridad mostrar o expresar sus verdaderos afectos.


jueves, 5 de febrero de 2026

TEJIDO REINO DE ERSILIA

 


Los libros, las redes sociales y los archivos digitales resultaban inútiles en el famoso Reino milenario de ERSILIA. La biografía de la ciudad se teje en el espacio físico, a través de relaciones humanas presenciales. Los ersilianos estaban convencidos de que los males de amor no se curan sino con la presencia y la figura, por eso sus vínculos o enlaces forman hilos de seda, de poliester y de otros muchos materiales dúctiles y flexibles, que representan lazos de parentesco, votos de amistad, impresiones de amor, guirnaldas de gratitud, farolillos de admiración, emulaciones creativas..., pero también, y desgraciadamente, fulgores de odio, verdes trepadoras de envidia, torpes deseos codiciosos, celos estranguladores, etc. Incluso los bailes en la obscuridad dejan rastros textiles en las salas y dormitorios de Ersilia.

Los hilos de tales relaciones forman figuras como hifas de micelios fúngicos, como cabelleras reticulares o ramosas, que crecen adventicias a las personas, aéreas o subterráneas, y luego quedan sueltas e independientes donde las gentes se entretuvieron intercambiendo gestos o palabras. Con el tiempo tales figuras pierden grosor o consistencia si no se cultivan las relaciones que las crearon; con el descuido se marchitan, hasta secarse o desaparecer por su olvido; algunas, efímeras, estallan como pompas de jabón en la atmósfera de Ersilia.

Sin embargo, esos tejemanejes de enredos consistentes o de ajetreos intensos se han vuelto con el tiempo un entramado tan complejo como tejido de araña y bosque muy fragoso de urdimbres complejas y tramas liosas: "trame disordinate", como las describió Marco Polo. Sí, en efecto, el famoso mercader y aventurero visitó el Reino de ERSILIA en aquellos tiempos legendarios de finales de la Edad Media, aunque permaneció en su capital poco tiempo y no quiso dar memoria amarga de su estancia allí, en ninguno de sus escritos, porque tropezó mucho en sus avenidas y se hizo varios chichones en las escalinatas de su palacio real. 

Menos mal que los habitantes de esta insólita ciudad borran y aniquilan viejas relaciones que se solidificaron, para poder dibujar en su lugar paños, lanas y fieltros nuevos, que son como grafitis tridimensionales, estereogramas u hologramas, que dificultan el tránsito de un lugar a otro, pero a los Ersilianos no les importa esta dificultad y se mueven como monos en el extraño tapiz de su bosque de relaciones y vínculos materializados, descifrando por el color y la forma el sentido de nuevos y viejos apegos o desapegos.

Cuando un Ersiliano cesa (por exilio, migración o deceso), los hilos que le unían a la ciudad y a sus comunidades pueden desaparecer, dejando espacios vacíos; o pueden conservarse, eso según hubiese sido su contribución al bien común y los recuerdos de él que deja en los que permanecen vivos y civiles. Tales contenidos o vacíos admiten diferentes interpretaciones. Hay todo un ministerio dedicado a la hermenéutica de los hilos y especialistas en sensaciones, sentimientos y emociones particulares causadas por la representación del vínculo, y doctores en figuras de asco, de vergüenza, ira, placer, dolor, recelo, envidia, celos, esperanza, deseo, desprecio, etc. 

Ersilia es un libro vivo. Los habitantes de esta ciudad leen en el diseño del tejido de sus calles, de sus plazas, de sus parques, del interior de sus casas, y hasta de sus cuadras y retretes, la historia sentimental de su ciudad, algo así como lo que Unamuno llamó intrahistoria: sus cambios, ausencias y presencias. 

Algunas figuras, por la originalidad de los sentimientos que representaron acaban cobrando la consistencia de estatuas con título: "bofetada dulce", "puntapié de abejas", "sacrificio lustral", "asco perfecto", "abrazo tranquilizador", "cópula piadosa", "escape tecnologizado", "recuerdos profanados", "malhumor creativo". Otras de estas figuras, las mejor consolidadas, sirven en Ersilia para los estudios y formación de médicos o psicólogas, con lo que se preservaban en academias y universidades: "estupor disociativo", "seducción inapropiada",  "piropo equívoco", "insinuación obscena", "halago confortador"..., son algunos de los títulos de dichas configuraciones anímicas.

Nota bene

Italo Calvino tuvo noticia y visitó Ersilia, aunque la comprendió de otro modo.

Glosa a Ersilia 

En la estela hermética, solemne y atenta a la materialidad de lo invisible, de la poética de Manuel Álvarez Ortega (1923-2014):

Ersilia o la trama del ser

No es el muro el que guarda la memoria, sino el hilo, la dúctil arquitectura del deseo que anuda en el aire un parentesco de sombras. Allí, donde el labio dejó un resto de nombre, crece la hifa, el micelio del odio o la gratitud, una raíz aérea que no busca la tierra, sino el eco de otro cuerpo en la penumbra.

Ersilia es un bosque de gestos detenidos, donde el asco es estatua y el amor es guirnalda, y el caminante tropieza con el brillo del voto o el lazo de seda de una amistad antigua. Hermenéutica de la fibra: leer en el tejido la intrahistoria de una sangre que se hizo texto, y ver cómo el hombre, ese mono entre redes, descifra en el color su propio desapego.

Porque nada se pierde si el hilo se conserva: ni la bofetada dulce, ni el estupor del alma. Todo es paño nuevo, grafiti de un Dios que teje el mapa de una ausencia que aún late en el vacío.

jueves, 22 de enero de 2026

EL PORQUÉ DE SU GUADAÑA

Ilustración creada ex profeso para este relato por IA Gemini


 No fue un sueño, sino un experiencia límite, un encuentro crucial, el que Kerinto Hugote vivió en aquella ocasión tan especial en la que no sabia si tirar para delante o echar para atrás, en aquel túnel encenagado, con el barro hasta las ingles, moviendo con dificultad la bicicleta con la que se había metido temerariamente en un agujero obscuro e interminable. La visión de la Dama Ruda, de la Dura Señora, fue tan nítida como la de una hoja muerta o la de un matorral espinoso, precedida de un vértigo parecido a los que mucho antes había sentido en varias primaveras de su tierna adolescencia. No venía a por él la Dama, sino a conversar con él. Cosa rara.

Kerinto podría presumir de valiente. No se aterrorizó ante la presencia de la Señora; más bien se sintió importante por haber sido en aquel suceso portentoso confidente de la Muerte personificada, la Parca figurada en proposopeya intensiva, durante uno de sus escasísimos ocios. Sin embargo, no quería arriesgarse a que le tomaran por loco, por crédulo, por majareta, como esos insensatos que toman sus delirios por apariciones verdaderas y sus miedos imaginarios por espectros vivientes. Además, hablar de Muerte es de pésimo gusto; tratar con ella, indecoroso; por eso la aislamos en jaulas de cristal cuando acaece lo inevitable al abuelito o a la madrecita. Ella es lo que sucede a la vida, su acabose, su fiel compañera o tesorera, pero la memoria de esa Dama cruel desazona a cualquiera.

En la penumbra húmeda de aquel túnel interminable, pasadizo subterráneo construido hacía más de un siglo para un tren improbable, en aquella galería surreal la Muerte le explicó a Kerinto Hugote por qué había cambiado su antiguo arco de madera de ciprés por una guadaña de acero esterilizada. En aquella situación tan comprometida, tras gran esfuerzo luchando con el cieno del antro, y tras ligero desvanecimiento en el aire corrompido de aquella gruta artificial, habló la Muerte a Kerinto y él recuerda fielmente lo que la Muerte le contó:

<< Vine a la Tierra comisionada por el Benigno y con visado del Maligno. La Serpiente me introdujo en el planeta para dar significado a las realidades sensibles a las que Adán había puesto nombres y el Diablo música, para que danzasen. Has de creer, amigo, que sustituyo a una compañera que, tras diez siglos de faena aniquiladora, muy fatigada por los genocidios del siglo XX, vuela disfrutando de una bien ganada jubilación en una remota Galaxia para clases pasivas de la Ogdoada o Región intermedia. En realidad, todas las muertes somos la misma Muerte, pero eso tú ahora no puedes comprenderlo ni lo entenderás jamás...

>> Lo que sí sabrás es que la primera a la que llamaron "Muerte" a fin de que ejerciese nuestro oficio vino al mundo nada más comenzar la vida como su imprescindible complemento... Pues bien, a falta de experiencia y sin haber cursado el Máster de tránsitos y acabamientos, pues hice sólo un Cursillo acelerado y virtual de óbitos imprevistos y decesos fatales, esta servidora no sabía muy bien cómo proceder matando, si aniquilaría primero al pobre o al rico, si antes tumbaría a la tonta que a la lista, si a la anciana o al jovencito, si al poderoso o al desocupado, si al ama de casa o a la subsecretaria de transportes... Ten en cuenta que, aunque me pintáis toda huesos y con órbitas oculares vanas, ¡a una no le falta corazón!..., quiero decir que también afecto atenciones y buenos sentimientos respecto de lo humano, tan frágil, y yo quería cumplir lo mejor posible con la faena imprescindible que me había sido encomendada como Muerte interina de este Valle de lágrimas. 

>> Fue el caso que decidí estrenar mis poderes de protonumeraria apuntando la letal flecha de mi magnífico arco contra un mozo de esos que se creen inmortales y montan ruidos, un joven sano y hermoso como brazo de mar, uno de los que se burlan del destino, más firme que roble, sobresaliente galán..., así que le derramé gran mancha de aceite en una curva, su moto resbaló, él saltó por los aires y un quitamiedos le seccionó una arteria. No sufrió mucho porque se desangró enseguida... Pues, enseguida, ¿qué crees que dijeron? ¡no puedes imaginarte, Kerinto, amigo, lo que parlaron de mí! Las gentes me llamaron de todo, de todo lo malo que se puede murmurar contrra una perfecta desconocida, que si soy bárbara, que si salvaje, que si traicionera, que había venido a maltratar a lo más lindo que principiaba a vivir, "¡qué esperanza había cortado!, ¡qué belleza había malogrado!". Amigos del finado, padres, admiradoras y lameculos..., ¡todos contra mí afeándome el disparo! A mí me parecía que un lechuguino joven y sin familia propia no haría tanta falta como una madre de familia o un varón hecho y derecho con hijos a medio criar...

>> Viendo lo mal que había quedado, a continuación encaré el arco para lanzar mi dardo envenenado contra un viejo centenario. Esperaba que ahora sí me agradecerían la iniciativa pues les libraba de gruñidos, quejas y cuidados, cargándome a aquel saco de achaques, a aquel crisol de medicamentos. Pensaba yo que si la muerte es naufragio para un joven, es  puerto amigo para un anciano atormentado por toses, dolores de huesos y malas digestiones... Por eso le mandé una neumonía que lo fulminó en venticuatro horas... Esperaba yo cierta consideración y reconocimiento, pero ¡ca!, por lo visto ese matusalén amojamado resultaba todavía esencial para la república, consejero eminente, ejemplo de sensatez y modelo de excelencias cívicas...

>> Nadie estaba contento con lo que yo hacía, pero tenía que cumplir con mi oficio y esta vez decidí fulminar a una joven revoltosa con la cabeza llena de pájaros, muy hermosa y amiga de la cirugía estética, que tenía amargados a los padres y revuelto al pueblo, porque volvía locos a los mocicos provocando mil disputas y algunas cuchilladas. Aun pensaba yo que, cómo por reina de la belleza se tenía, más que la madrastra de Blancanieves, llevándomela pronto le evitaría deprimirse viéndose fea y vieja... ¡Ni así acerté! Igual me recriminaron por llevármela, reprochándome que para una guapa que tenían... que más valía que hubiera pensado en privarlos de gibosas y contrahechas. Entonces, por hacerle caso a tanto villano, maté a un adefesio, pero no tardaron en criticarme y me acusaron (como a Sócrates) del delito de impiedad: "¡No bastaba con el agravio que le había hecho Naturaleza a la pobre pariéndola fea, encima tenía que venir yo a privar a sus padres de lo mejor que tenían, pues aunque feúcha y desangelada de rostro, era la mejor de sus hijas por discreta y bien ordenada, alma bella, muy apta para el gobierno de cualquier casa, mientras sus hermanas perdían el tiempo entre espejos, cosméticos, despachos esteticistas, peluquerías y gimnasios de fitness...

>> Maté luego a un pobre, luego a un rico..., y no gustó ni lo uno ni lo otro. Si al pobre, porque le quedaban esperanzas; si al rico, porque pagaba impuestos. Harta de habladurías y descalificaciones, me decidí a consultar a los que pretendía matar, antes de ejecutarlos para que ellos mismos, los que iban a morir, escogiesen, dentro de ciertos márgenes, modo, lugar y tiempo... Pero nadie encontraba ocasión para cubrir el expediente, que "ahora no puedo", que si "no he testado todavía", que si "todavía tengo que colocar a los nenes"... A ninguno le venía bien concertarse conmigo, no había viejo ni vieja que no creyesen que podrían vivir o malvivir un año más, y mejorando de salud... Bien es verdad que algunos, desesperados, requerían mis servicios, pero muchas veces me encontré con que no conjuraban mi atención para ellos mismos, sino para que acabara con la suegra enredadora, abortara al no nacido, ahogara al marido infiel o degollara a la cuñada impertinente..., para que acabara, en fin, con otros, con los estorbos o con el abuelo avaro y millonario (para heredarlo enseguida)... ¡Como si una hubiese sido empleada de sicario!

>> Afligida por tanta infamias y cansada de innobles equívocos, fue entonces cuando cambié el arco y las flechas por una hermosa guadaña. Cerré los ojos, apreté los puños y comencé a segar a tajo parejo con la nueva herramienta, me daba igual dar con verde que con hueso, lo mismo me daba descabezar rosales que cardos borriqueros, lo mismo pelar sabios que necios. "¡A ver si por fin, ahora, no os quejáis, humanos, más que humanos!", me decía contenta, mientras tajaba, tronchaba y truncaba.

>> Y con este modo de proceder me he quedado tan pancha, flaca y desnuda, vale, pero eficaz y armada con potente arma muy inclusiva, pues no discrimina ni por raza ni por género ni por edad, religión u oficio. >>

Kerinto Hugote salió, tirando de la bici, casi arrastrándose y tras largo esfuerzo, de aquel túnel en el que arriesgó la vida y la iluminó extrañamente... Cuentan que volvió a casa transformado por aquella visión. Prudente, no dijo nada, pero jamás olvidó lo que la Dama Ruda le había confesado. Atesoró hasta nuevo encuentro decisivo el secreto que le había regalado la Señora: el porqué de su guadaña.



viernes, 16 de enero de 2026

BLASCO IBÁÑEZ Y EL CABURÉ

 

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928)

Desencantado de la política activa e impulsado por su espíritu aventurero, don Vicente Blasco Ibáñez se embarcó para la Argentina. Allí alterna sus oficios de conferenciante y escritor con el trabajo y las peripecias del valeroso pionero, del arriesgado colono en unos territorios inhóspitos del Amazonas, entre 1904 y 1914, en regiones de paisajes extraños y climas diferentes... La colonia "Cervantes" se ubicó en el alto valle del Río Negro, en la Patagonia septentrional, tras recibir tierras desérticas del gobierno argentino que el escritor pretendía convertir mediante irrigación en zonas productivas. El asentamiento prosperó y hoy conserva como localidad el nombre del autor del Quijote.

En la provincia de Corrientes, cerca de la orilla del río Paraná, el emprendedor Blasco Ibáñez introdujo el cultivo del arroz en el actual municipio de Riachuela, aplicando técnicas que conocía de su Valencia natal. Aunque la costumbre ha perdurado con provecho en aquellos lares, la aventura del escritor resultó agridulce, un sueño quijotesco que no llegó a cuajar. Dejó venturosa huella, pero en aquel entonces fracasó económicamente debido a problemas financieros y a las costosas inversiones en maquinaria, infraestructuras, viviendas..., gastos que superaron con mucho los ingresos. Para cubrir deudas, el promotor hubo de malvender sus propiedades españolas y desprenderse de acciones de las sociedades que había creado. El estallido de la segunda guerra mundial en 1914 dio el golpe de gracia a la aventura porque paralizó el comercio internacional y detuvo el flujo de crédito.

Casi en la indigencia, Blasco Ibáñez abandonó la Argentina y regresó a Paris, donde escribió la novela que le salvaría de la miseria porque se convertiría en "bestseller" mundial: Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Traducido al inglés, fue el libro más vendido en Estados Unidos en 1919, sólo superado por la Biblia. Su relato fue llevado al cine en una película producida por la Metro y protagonizada por Rodolfo Valentino. También otras novelas suyas conocieron la misma suerte, tal fue el caso de Sangre y arena, protagonizada en 1941 por Tyrone Power y Rita Hayworth. En 1920, don Vicente fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Washington.



Su experiencia de colono en América del Sur dejó eco en algunos de sus mejores cuentos. Por ejemplo, en "Las plumas del caburé"... En la región argentina de Corrientes se creía que las plumas de esta especie de búho diurno volvían invulnerable a quien las portara como amuleto. Se trata de un pájaro real de la fauna argentina y paraguaya, el Glaucidium brasilianum o caburé chico, un ave que cabe en la palma de la mano, pero que actúa como depredador feroz. Tiene dos manchas negras en la parte posterior de la cabeza como falsos ojos para confundir a sus enemigos. Se decía que el caburé atraía a otros animales con su hipnónico canto y los paralizaba con su grito estridente.

"Este grito inmenso salía de la garganta de un pájaro poco más grande que el puño, una especie de mochuelo del tamaño de un pichón de cría. Todas las bestias, las que vuelan, las que corren y las que se arrastran, se echaban a temblar cuando oían este alarido"

Este casi invisible pájaro diminuto...

"Tenía por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor templado, y una infernal mala intención. Allí donde clavaba su arma abría orificio, y el golpe iba dirigido siempre a la cabeza del adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No hay cráneo que pudiera resistir a sus perseverantes picotazos, iguales a golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caimán blindado de planchas duras como un navío de guerra. Este volátil pequeño y de malicia diabólica era el caburé."

El talismán de plumas del caburé hacen creer al protagonista del cuento, vuelto policía, un mestizo de nombre Morales, que es invulnerable y, de hecho, su fe le da fama de prodigioso agente de la autoridad y su arrojo enfrentando criminales le convierte en célebre, hasta que la confianza, que mata al hombre y a la mujer, y el trastorno de una borrachera le mandan a la realidad de la debilidad de la carne ante un gringo de origen escocés que a petición de Morales, que se creía inmortal, le tira dos cartuchazos de muerte...

"Al disolverse el humo y extinguirse el doble trueno, vio a Morales tendido a sus pies. Tenía los brazos abiertos, el pecho destrozado y una sonrisa helada, de soberbia confianza, de fe inconmovible, que iba a ser el último de sus gestos"

Puede que la fe mueva montañas, pero no salva a ningún cuerpo de la muerte.