miércoles, 22 de abril de 2026

CIPRÉS EN EL JARDÍN

 

Taisen Deshimaru. "Crisantemos silvestres"


Al doctor Francisco José Ramos González, 
gran conocedor del budismo zen.


A principios del siglo VI, Shen-Kuan se angustiaba porque no podía comprender la doctrina del Primer Patriarca (Bodhidharma). Este le negaba la revelación y se desentendía de las pretensiones del fiel, negándole su magisterio. Para probarle la sinceridad de su fe, Shen-Kuan se cortó el brazo izquierdo. Bodhidharma entonces tuvo a bien interrumpir su silencio de muchos años y le preguntó al automutilado qué deseaba.

-- No hallo la tranquilidad. Pacifícame, te lo suplico.

-- Muéstrame tu mente y te daré paz --le dijo Bodhidharma.

-- Pero es que cuando busco mi mente no la encuentro --respondió el joven prosélito.

-- Bien, entonces ya estás en paz.

Shen Kuan recibió en ese momento una brusca iluminación, como un súbito relámpago que tocara su cerebro (satori).

Pudo ser este mismo adepto, ya ennoblecido por la sabiduría, el mismo a quien en otro momento crucial preguntaron: "¿Por qué vino del oeste el Primer Patriarca?". A lo que el ya iniciado respondió: "El ciprés en el huerto".

***

He conocido otras versiones del mismo Koan, v. gr., en la que a la misma o parecida pregunta, el maestro Joshu contesta: "Un roble en el jardín".

Taisen Deshimaru (1914-1982), que supo inspirar en Europa la práctica del zen comenta este koan:

-- Las palabras no pueden describirlo todo. El mensaje del corazón no puede ser transmitido mediante palabras.

>> Si alguien quiere entender las palabras literalmente, estará perdido.

>> Y si intenta explicar lo que sea con palabras, no alcanzará la iluminación en esta vida.

***

Notas sobre la figura del Bodhidharma


1. La palabra "Bodhidharma" se compone de dos términos de origen sanscrito (indio): "Bodhi" significa despertar o iluminación y procede de a misma raíz que "Buda" (el despierto). "Dharma" se puede traducir por ley universal, orden o sabiduría del Buda. Por tanto, Bodhidharma es aquel cuya enseñanza consiste en despertar.

2. Histórica y míticamente, Bodhidharma (Daruma en Japón y Dámó en China) fue un monje de origen indio (probablemente un príncipe del sur del Indostán) que vivió entre los siglos V y VI. Se le considera el Primer Patriarca del Budismo Zen (Chan): Se le atribuye haber llevado el budismo a China, enfocándose, no en el estudio de textos sagrados, sino en la meditación directa y el silencio. Su filosofía se resume en la transmisión "de corazón a corazón", más allá de las palabras. Según la leyenda, pasó nueve años meditando frente a la pared de una cueva cerca del Monasterio Shaolin. Se dice que sus piernas se atrofiaron (de ahí los muñecos Daruma japoneses que carecen de extremidades), también se cuenta que se arrancó los párpados para no dormirse, de sus párpados, según el mito, procede el té.

3. A Bodhidharma se le considera tradicionalmente el fundador del Kung Fu Shaolin (arte marcial). Según la tradición, al ver el estado físico tan débil de los monjes chinos tras largas horas de meditación, les enseñó una serie de ejercicios respiratorios y de combate para fortalecer el cuerpo, bajo la premisa de que "mente y cuerpo son uno solo".

4. Bodhidharma despreciaba las palabras para comprender lo real...

No obstante, matizando este "desprecio", el profesor Francisco José Ramos comenta:

"Despreciar las palabras es una manera de seguir aferrado a ellas. Eso lo aprendí con Dogen, al recalcar que las palabras son una oportunidad para rebasar las barreras que el propio lenguaje impone".

lunes, 20 de abril de 2026

TIERRA & CIELO

 


En un pueblecito encajado entre colinas de huertas y cerros de matorral y bosque, una joven llamada Eleara dedicaba muchas de sus horas de vigilia a la cerámica, por eso tenía las manos perpetuamente teñidas de la arcilla roja que modelaba. Sus vasijas parecían talladas por el viento y el agua más que por extremidades humanas.

Después de un sueño en que volaba, Eleara despertó grávida a la luz del día con el impulso de esculpir, no una vasija útil, sino un recordatorio bello, una corona que, al secarse al sol, tomó un tono ambarino de ocre desgastado. Mientras la corona se endurecía, Eleara levantó su mirada al cielo, reclamada su atención por el canto inconfundible del Pájaro del Ábrego. 

En el pueblo se decía que tal criatura maravillosa sólo aparecía ante aquellos destinados a cambiar de forma. El cuerpo de aquella ave legendaria era un torbellino de rosa sonrojado y terracota, y sus alas extendidas en vuelo mostraban toques de púrpura real; sus ojos, marcados con un anillo de carmín intenso, miraban directamente almas.

Urgida por el silbo intenso del Pájaro del Ábrego, el corazón parecía querérsele salir del pecho a Eleara cuando se colocó en la cabeza la corona de arcilla, pesada y tosca. Levantó un brazo con la mano abierta, gesticulando no solo hacia el pájaro, sino hacia el vasto y desconocido horizonte que se extendía más allá de su pequeño pueblo. Al hacerlo, sintió una transformación puramente espiritual. El Pájaro del Ábrego no se posó sobre ella, pero su presencia fue un catalizador…

Las líneas que definían el contorno de su cuerpo comenzaron a fusionarse con el paisaje: las manchas de verde musgo y ocre polvoriento de las colinas fluían a través de sus tejidos como energías vitales, como una corrinete eléctrica. La corona pesaba también sobre su espalda transformándose no en plumas, sino en una especie de gasa etérea, de seda transparente. Eleara se dio cuenta de que su destino no era volar como pájaro, sino fusionar su amor por la tierra con el espíritu de vuelo.

No fue un cambio limpio y nítido, sino la metamorfosis de cuepo en una especie de garabato dinámico de persona, testimonio lleno de pasión y movimiento. Eleara se convirtió en Guardiana de la memoria, en Suma Sacerdotisa de la Tierra con los ojos puestos en el Cielo, y su corona de barro se convirtió en símbolo sagrado, expresión intemporal de que el vuelo más verdadero es aquel que te conecta, no el que te separa de tus raíces.