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Sibila Délfica pintada por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina hacia 1500. |
VOCES ERRANTES E IMPERIOS EFÍMEROS
Como se hizo superfamosa, Rómulo le mandó grandes regalos,
le escribió muchas cartas en que le prometía otros presentes, todo con
intención de atraerla a Roma. Pero aquella mujer nunca quiso abandonar su
tierra. Así que Rómulo viajó para verla y preguntarle por el porvenir de su
reinado y de su ciudad. La Sibila Délfica no le aclaró gran cosa, pero le dejó
escritas catorce letras en unas cortezas de árboles, pues todavía no existía ni
el pergamino ni el papel. Nadie entendía el secreto de aquellas siglas y la sibila
no lo aclaraba. Sin embargo, la visionaria del futuro afirmó que estaba por
nacer quien declarase su sentido. Las letras eran: RRTSDDRRRFFFF.
Rómulo mandó poner aquellas letras en uno de los templos
romanos bajo constante guarda, hasta que llegase el tiempo en que los dioses
revelasen el misterio o naciese quien lo dedujese. Cuatrocientos treinta y
siete años después –ni uno más ni uno menos, según el humanista Guevara- otra
sibila llamada Eritrea desentrañó el sentido de aquellas iniciales como si ella
misma las hubiese escrito. El mensaje de la Délfica quería decir: “Rómulo
reinando Roma triunfando Sibila Délfica Dijo: el Reino de Roma Perecerá a
Hierro, Fuego, Hambre y Frío” (Regnante
Roma Triumfante Sibila Delfica Dixit Regnum Rome Ruet Ferro Flamina Fame
Frigore).
Antonio de Guevara, paje de la reina Isabel la Católica y
cronista oficial de su nieto el emperador Carlos I, historiador y precursor del
ensayo moderno antes que Montaigne, recoge la historia en una de sus Epístolas familiares (la 27, de 18 de
Enero de 1535) citando sus fuentes: Libio, Vulpicio, Trebelio y Pogio. Aunque
dada la libertad con que manejaba a los clásicos, no sabemos seguro si son referencias precisas.
Poco antes de que el ilustrísimo franciscano, consejero, obispo
y diplomático, escribiese su carta, hacia 1500 Miguel Ángel se agitaba pintando en la Capilla
Sixtina el extraordinario retrato de la Sibila Délfica que mide 350 por 380
centímetros, el que adorna este artículo. Sorprende el feliz tratamiento de un personaje pagano en pleno
corazón de la cristiandad, pero en su apuesta por el armonismo, el irenismo y
la integración de las culturas, el humanismo cristiano renacentista aprobó el
valor de las sibilas paganas como profetisas del Crucificado. La destrucción de
la Roma pecaminosa y su regeneración con el triunfo del austero y virtuoso
cristianismo debían parecer fenómenos históricos asociados.
De la sibila Eritrea se dice que había nacido en Babilonia,
predijo la destrucción de Troya y popularizó los acrósticos. Pausanias (s. II dC) cuenta de la otra sibila, la de
Delfos, que anterior a la pitonisa vivió también antes de la guerra de Troya
(hacia el s. XI aC). El escritor de la primera guía turística de la historia le
atribuyó a la délfica un origen divino haciéndose eco de lo que se contaba
popularmente en la Hélade: “nació entre el hombre y la diosa, hija de monstruos
marinos y una ninfa inmortal”.
Al parecer, la sibila Eritrea no se llevaba bien con su
hermano Apolo y fue una gran viajera, sobreviviendo a nueve generaciones
humanas. Dicen que después de su muerte se convirtió en una voz errante que susurraba
a oídos de los hombres noticias del futuro envueltas en acertijos oscuros.