Nunca pierdas la esperanza, porque hay gente pa'tó... Alejo, sin ir más lejos, de profesión repostero y activista a media jornada, se enamoró de Estefanía sin remedio, que era morena pero se tocaba con purpurina el cabello, que resaltaba así en flecos dorados sobre la brillante negrura. Sobre el ojo izquierdo traía, con ocelo pintado a veces, tafeta de bayeta, sujeta con cordón a la cabeza, pero su ojo derecho era animal movedizo, luminoso, inteligente, soñador..., glauco casi siempre como los iris de Atenea, no obstante cambiar de color según su estado emocional, del todo imprevisible.
White Collar C. Wright Mills
Hace 1 semana
