FÁBULA DEL TOPO Y EL RATÓN
Dondindac el Escita construyó un magnífico cenador en su jardín. Disfrutaba con el buen tiempo tomando infusiones y pastelitos con su esposa y amigos bajo aquella linda estructura, o leyendo en fértil soledad...
Una tarde, cuando ya el sol se despedía del mundo, oyó a un topo que le decía a un ratón: "Mira esta magnífica construcción, seguro que habrá sido un topo poderoso quien la ha mandado construir y otro topo, más ingenioso que el primero, quien la ha diseñado".
"Te equivocas --replicó el ratón--, seguramente fueron dos superratones, geniales promotor y arquitecto, los responsables de este magnífico cenador".
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CUESTIONES BIZANTINAS Y LECCIÓN DE DONDINDAC
Esta del topo y el ratón fue fábula que contó Dondindac el Escita, cuando conversaba al pie del Cáucaso con un famoso teólogo Señor de Constantinopla, el cual pretendía humillarle, tildándolo de "bárbaro" por no poder responder a ciertas capciosas preguntas sobre el Ser Supremo, cuestiones bizantinas como estas:
-- Si Dios está en un sitio determinado o fuera de todo lugar o en todo lugar;
-- Si creía que la materia pudiera ser eterna;
El "bárbaro escita" contó al Logómaco lectoral y Gran Señor constantinopolitano que él se conformaba con dar gracias al Ser Supremo por los bienes que disfrutaba, guardándose bien de pedirle nada, puesto que Dios sabe mejor que nosotros lo que nos hace falta y, además, se expondría a rogar por que hiciese buen tiempo cuando el vecino pedía lluvias...
Dondindac pensaba que Dios le había dado la noción de la justicia, y con eso le bastaba. "¿Para qué le serviría saber si Dios es corporal o espiritual?" --se preguntaba--: "¿Sería por ello más justo, sería mejor marido, mejor padre, mejor patrón, mejor ciudadano?".
Y añadió: "Una vez vi, uno de vuestros templos..., ¿por qué pintais a Dios con una barba grande?".
El teólogo bizantino no supo en seguida qué contestar...
Desde que oyó la conversación del topo y el ratón, el sabio escita resolvió no disputar jamás.
