viernes, 16 de enero de 2026

BLASCO IBÁÑEZ Y EL CABURÉ

 

Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928)

Desencantado de la política activa e impulsado por su espíritu aventurero, don Vicente Blasco Ibáñez se embarcó para la Argentina. Allí alterna sus oficios de conferenciante y escritor con el trabajo y las peripecias del valeroso pionero, del arriesgado colono en unos territorios inhóspitos del Amazonas, entre 1904 y 1914, en regiones de paisajes extraños y climas diferentes... La colonia "Cervantes" se ubicó en el alto valle del Río Negro, en la Patagonia septentrional, tras recibir tierras desérticas del gobierno argentino que el escritor pretendía convertir mediante irrigación en zonas productivas. El asentamiento prosperó y hoy conserva como localidad el nombre del autor del Quijote.

En la provincia de Corrientes, cerca de la orilla del río Paraná, el emprendedor Blasco Ibáñez introdujo el cultivo del arroz en el actual municipio de Riachuela, aplicando técnicas que conocía de su Valencia natal. Aunque la costumbre ha perdurado con provecho en aquellos lares, la aventura del escritor resultó agridulce, un sueño quijotesco que no llegó a cuajar. Dejó venturosa huella, pero en aquel entonces fracasó económicamente debido a problemas financieros y a las costosas inversiones en maquinaria, infraestructuras, viviendas..., gastos que superaron con mucho los ingresos. Para cubrir deudas, el promotor hubo de malvender sus propiedades españolas y desprenderse de acciones de las sociedades que había creado. El estallido de la segunda guerra mundial en 1914 dio el golpe de gracia a la aventura porque paralizó el comercio internacional y detuvo el flujo de crédito.

Casi en la indigencia, Blasco Ibáñez abandonó la Argentina y regresó a Paris, donde escribió la novela que le salvaría de la miseria porque se convertiría en "bestseller" mundial: Los cuatro jinetes del Apocalipsis. Traducido al inglés, fue el libro más vendido en Estados Unidos en 1919, sólo superado por la Biblia. Su relato fue llevado al cine en una película producida por la Metro y protagonizada por Rodolfo Valentino. También otras novelas suyas conocieron la misma suerte, tal fue el caso de Sangre y arena, protagonizada en 1941 por Tyrone Power y Rita Hayworth. En 1920, don Vicente fue investido doctor honoris causa por la Universidad de Washington.



Su experiencia de colono en América del Sur dejó eco en algunos de sus mejores cuentos. Por ejemplo, en "Las plumas del caburé"... En la región argentina de Corrientes se creía que las plumas de esta especie de búho diurno volvían invulnerable a quien las portara como amuleto. Se trata de un pájaro real de la fauna argentina y paraguaya, el Glaucidium brasilianum o caburé chico, un ave que cabe en la palma de la mano, pero que actúa como depredador feroz. Tiene dos manchas negras en la parte posterior de la cabeza como falsos ojos para confundir a sus enemigos. Se decía que el caburé atraía a otros animales con su hipnónico canto y los paralizaba con su grito estridente.

"Este grito inmenso salía de la garganta de un pájaro poco más grande que el puño, una especie de mochuelo del tamaño de un pichón de cría. Todas las bestias, las que vuelan, las que corren y las que se arrastran, se echaban a temblar cuando oían este alarido"

Este casi invisible pájaro diminuto...

"Tenía por armas su pico, un terrible pico fuerte como el acero mejor templado, y una infernal mala intención. Allí donde clavaba su arma abría orificio, y el golpe iba dirigido siempre a la cabeza del adversario, devorando inmediatamente su cerebro al descubierto. No hay cráneo que pudiera resistir a sus perseverantes picotazos, iguales a golpes de barreno. Atacaba al toro, al tigre, al caimán blindado de planchas duras como un navío de guerra. Este volátil pequeño y de malicia diabólica era el caburé."

El talismán de plumas del caburé hacen creer al protagonista del cuento, vuelto policía, un mestizo de nombre Morales, que es invulnerable y, de hecho, su fe le da fama de prodigioso agente de la autoridad y su arrojo enfrentando criminales le convierte en célebre, hasta que la confianza, que mata al hombre y a la mujer, y el trastorno de una borrachera le mandan a la realidad de la debilidad de la carne ante un gringo de origen escocés que a petición de Morales, que se creía inmortal, le tira dos cartuchazos de muerte...

"Al disolverse el humo y extinguirse el doble trueno, vio a Morales tendido a sus pies. Tenía los brazos abiertos, el pecho destrozado y una sonrisa helada, de soberbia confianza, de fe inconmovible, que iba a ser el último de sus gestos"

Puede que la fe mueva montañas, pero no salva a ningún cuerpo de la muerte.