Se cree que Alcifrón nació en Atenas, a juzgar por su conocimiento del griego ático y la topografía ateniense de sus ficciones. Fue un escritor griego del siglo II contemporáneo de Luciano. Se le considera notable representante de la Segunda Sofística, un movimiento ilustrado y restaurador de la cultura helénica. Amigo de las antiguedades, las grandes figuras de la época de Pericles y de Alejandro Magno aparecen como personajes de sus cartas.
Fue en efecto Alcifrón el más famoso epistológrafo de su época. Sus elegantes epístolas apócrifas han sido escritas, presuntamente, por pescadores, labradores, parásitos (pícaros y gorrones profesionales) y por cortesanas (heteras o prostitutas). En una de estas cartas, la hermosa Tais le reprocha a Eutidemo (erista del siglo V a. C. y protagonista de un diálogo de Platón) el aire grave que se da desde que profesa la filosofía. Ahora se dirige a la Academia y pasa por delante de su casa, la de Tais, con porte digno y un libro en la mano, como si no la conociera de nada. ¡Y eso que ella prefiere dormir con Eutidemo entre sus brazos a todo el oro de las enseñanzas filosóficas!
Tais amenaza a Eutidemo con entregarse a otro sofista que la pretende, el mismo que despliega ante Eutidemo y otros jóvenes de su edad sus admirables razonamientos de gurú intelectual y moral...
"Este misógino maestro no se contenta con los habituales placeres de la noche. Sus lecciones son pura charlatanería, humo fatuo y dinero perdido en balde por vosotros los jóvenes, pobre insensato. ¿Crees que un sofista se diferencia tanto de una cortesana? Quizá tan sólo en el hecho de que uno y otro intentan persuadir por distintas vías, ya que el objetivo común a ambos es conseguir ganancias. Nosotras somos un tanto mejores y más piadosas, pues no afirmamos que los dioses no existan y, encima, depositamos nuestra confianza en unos clientes que juran amarnos. No consideramos lícito que los hombres tengan relaciones sexuales con hermanas y madres, ni tampoco con esposas de otros. Quizá, porque ignoramos de dónde proceden las nubes o cuál es la naturaleza de los átomos, por tal motivo nos juzgas inferiores a los sofistas. Sin embargo, yo, en persona, he frecuentado su escuela y he hablado con muchos de ellos. Pues bien, ni uno solo, cuando está con una cortesana, sueña con tiranías ni trama revoluciones, sino que, por el contrario, permanece tranquilo y profundamente embriagado, estirando lo que puede el momento de levantarse hasta la tercera o cuarta hora. Además, nosotras no educamos a los jóvenes de peor manera que ellos. Anda, compara, si lo crees conveniente, entre Aspasia, la cortesana (1), y Sócrates (2), el sofista. Decide cuál de los dos fue mejor educador. Verás que Pericles fue discípulo de ella, Critias (3), en cambio, de él. Eutidemo, aleja de ti esta locura y esta severa actitud, amor mío. No hay derecho a que unos ojos como los tuyos estén tristes".
Otra de las cartas inventadas por Alcifrón es la que dirige la cortesana Leontion (de la que se dice que fue amante de Epicuro) a Lamia, su confidente. En esta epístola Leontion se queja de que no hay nada más desagradable que un viejo que presuma de juventud, refiriendose al fundador de la escuela filosófica hedonista. Dice Leontion que Epicuro la ha echado de su Jardín y que la censura por todo, que le escribe cartas sin pies ni cabeza emborronadas por los celos cuando ya frisa los ochenta años de edad. Le reprocha, además, su falta de aseo y de compostura...
"Que se guarde para él sus Principales máximas sobre la Naturaleza y su retorcido Canon y, en cambio, que a mí me deje ser dueña de mi persona de una forma natural y estar libre de cóleras e insolencias"
Leontion llama "asediador de cabellos blanquecinos" a Epicuro y concluye su carta diciendo que el filósofo carece de dignidad en lo que respecta al amor. Anuncia a su amiga Lamia que va a dejarlo por un jovencito con el que disfruta a tope.
Las distintas cortesanas protagonistas de las cartas de Alcifrón son expertas en cuestiones amorosas. Un ingenioso expediente que urden las que ejercen esta profesión es retrasar el momento de satisfacer el deseo del solicitante para reinar sobre los amantes a través de ilusiones. Glícera le da gran lección a Menandro (4) advirtiéndole de lo poco que dura la pasión sin el discernimiento que ella valora grandemente...
"En verdad, Menandro, temo la brevedad propia de un deseo vehemente, pues el amor pasional es tan violento como frágil. En cambio, los que lo han fortalecido de una manera reflexiva, el vínculo en éstos es ya más indisoluble, al no estar exento de placer ni tampoco dominado por la ansiedad".
Notas
(2) Académicamente no se acepta el calificativo de "sofista" aplicado a Sócrates, aunque Aristófanes lo tuvo por tal, como puede verse en su comedia Nubes, en la que caricaturiza al Tábano de Atenas.
(3) Critias, aristócrata ateniense, fue hombre de letras y oligarca que formó parte de la dictadura de los Treinta (404-403 a. C.), cómplice por tanto de sus crimenes.