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Passerina ciris. Escribano de siete colores |
Escila es en la mitología antigua un monstruo marino con torso de mujer, cola de pez y seis perros feroces partiendo de su cintura... El bicho admite otras descripciones. Habitaba en un estrecho paso marítimo, opuesto a su contraparte, Caribdis, también monstruoso y letal en la otra ribera de un canal de la longitud de un flechazo, canal estrecho y de traicioneras corrientes. Así que los navegantes que intentaban evitar a Caribdis podían ser devorados por Escila, y viceversa. De ahí viene la expresión de hallarse "entre Escila y Caribdis", con el significado de tener que elegir entre dos males mayores.
Otra persona o la misma, según, fue la princesa Escila de
Megara, hija del rey Niso, el cual, entre sus honradas canas contaba con un
mechón pelirrojo que todos creían garante de la independencia de Megara.
¡Nunca un puñado de cabellos tuvo poder tan considerable y reconocido! Al rufo mechón de Niso, punk touch!, le llaman los clásicos "cabellos de esplendente púrpura" por sus mágicas propiedades.
Minos, rey de Creta, había puesto en aquellos remotos tiempos cerco a Megara. Asedio largo.
Tan largo, que la princesa Escila, doncella y aburrida, sólo se distraía mirando
las maniobras del ejército enemigo desde el torreón mayor de las murallas de
Megara. Así un día y otro día del asedio interminable. Y el más guapo de los
enemigos le parecía a Escila, que tenía vista de lince, el rey Minos, ataviado con
sus bronces refulgentes, su yelmo emplumado y galleando con las circenses
evoluciones en su caballo blanco, brioso y elegante. Sucedió que Minos, aun
siendo caudillo vacilón de los enemigos de su padre, sin saberlo ni notarlo, a
Escila emocionaba.
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Escila de Megara se enamora de Minos, rey de Creta que asedia su ciudad. Grabado del siglo XVIII. |
Tan emocionada se sintió la virginal princesa que perdió del
todo el poco o mucho seso que la naturaleza le otorgó y tal vez presa de furor
uteri o algún otro padecimiento de la madre, perdió el
sentido, el común sobre todo, por beber los aires del rey enemigo. Desenfrenada e impulsada por la locura de su
pasión libidinosa se atrevió a cortar el mechón púrpura de su padre mientras Niso
dormía (esa noche se había pasado de copas) y, con el trofeo del mechón, saliendo temeraria de la ciudad de
Megara, su patria, se acercó a la tienda de Minos. Se justificó a sí misma
pensando que con su gesto, ofreciéndose como rehén y prenda de paz, y con las
famosas guedejas de su padre como regalo, acabaría por fin la guerra y con ella
su tedio. Se engañaba porque el motivo principal de su conducta traicionera era que
Minos le molaba cantidad, vamos, que aquellas carreras que el rey de Creta daba
desafiante con el caballo blanco alrededor de las murallas de Megara, aunque a
distancia suficiente para librarse de los flecheros, le ponían, ¡más que ninguna otra cosa en el mundo! Obsesionada, sufría de loco amor la princesa de Megara.
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Escila corta el mechón púrpura de su padre Niso, rey de Megara. Ilustración para las Metamorfosis de Ovidio. |
Llevó Escila el despojo de su abominación semi-parricida
hasta la tienda de Minos, soltándole: “Premios ningunos pido, salvo a ti”. Esto
es lo que pone en su boca linda Ovidio, en sus Metamorfosis
(L. VIII). Pero Minos no traga (yo creo que alguna impedimenta fisiológica tenía el cretense, a juzgar por las huidas de su esposa Pasifae el prado de los toros).
Al contrario de lo que Escila esperaba otorgándose tan fácilmente, Minos se queda horrorizado, considera a
Escila una insensata, una infame o una nena consentida y ociosa que traiciona por
capricho a su padre, a su patria y a su honor. Pero a pesar de ello –o por
ello- firma un pacto de justicia con Niso, libera del sitio a Megara y ordena a
sus marinos que pongan rumbo a Creta.
Ante su desdén, Escila no se conforma, vuelve su deseo en
ira y, furibunda, esparcidos sus cabellos como de Gorgona por el aire, se agarra a la proa
de la última nave. “¿Cómo huyes de mí –le grita en reproche a Minos-, ¡a mí,
que te he antepuesto a mi padre y a mi patria sin conocerte en persona siquiera!, estando
además como estoy a estrenar y de chupa y sopea?".
La pasión femenina (femineae libidinis) –anota Ovidio- es
más intensa que la nuestra y tiene mayor coraje (Acrior est nostra plusque furoris habet, 341s). La libido de Escila
bate todas las marcas. ¡Ahí la tenéis agarrada a la quilla de la nave de Minos, arrastrada por el mar, terca y tenaz como una rémora o una lapa, recordándole a Minos los cuernos que su mujer, Pasifae, le puso con un toro, y que también él era hijo de una extraña unión, la de Europa con otro cornudo como él, metamorfosis del dios Zeus, es verdad, pero morlaco al fin y al cabo!
A todo esto, tan cabreado estaba su padre, Niso, que los
dioses lo convirtieron en gavilán –dicen unos- o en águila marina –cuentan
otros- y vengativo se lanzó contra su hija, la que le había cortado el mechón salvapatrias con nocturnidad y alevosía, voló hacia ella con la mala
pero justificada intención, dadas las circunstancias, de lacerarla con pico y garras. Ella suelta la
madera, pero en lugar de caer en el agua y ahogarse, se suspende emplumada en
el aire fresco de la mar, en ave transformada, ciris la llaman.
Según el Brocense, en su comentario al Laberinto de Fortuna de Juan de Mena, Escila se convirtió en
cogujada, un pájaro con cofia parecido a una alondra. No sabemos cuáles son las fuentes de Francisco Sánchez
de las Brozas, pero su juicio resulta insólito si tenemos en cuenta que según Alciato el
pájaro que llamamos cogujada (“cugujada”, escribe el Brocense) hace su nido en
la grama, hierba que se otorga como emblema a los prudentes. El caso fue que,
recordando la leyenda, Linneo, el gran naturalista, llamó Passerina ciris al escribano de siete colores que ilustra esta entrada.
Juan de Mena parece excusar a la princesa megarense en sus versos de Las trescientas. Acaba de describir el gran poeta cordobés el nacimiento de Adonis, fruto del incesto de Mirra con su padre el rey de Chipre, así como el escabroso origen de los centauros, hijos de la extraña coyunda entre Ixión y el simulacro airoso de la diosa Juno... Y añade:
E vimos, movidos un poco adelante,
plañir a Pasifae sus actos indignos,
la cual antepuso el toro a ti, Minos;
no hizo Scila troque semejante.