| Territorio de los Odrisios en Tracia. En los tiempos en que combatieron Seutes II y Los Diez Mil, contra otras tribus tracias, los griegos bajo el mando de Jenofonte (Anábasis VII) |
Jenofonte, amigo y discípulo de Sócrates, al que recordará en sus Memorables, pertenecía a los eupátridas, los hippeis (caballeros) atenienses, sector que había apoyado o simpatizado con el régimen oligárquico de los Treinta Tiranos. Con la restauración de la democracia, el ambiente político en Atenas le era hostil, por lo que emprender una aventura militar en Asia Menor era una forma conveniente de alejarse de la ciudad buscando a la vez satisfacer su curiosidad y mejorar su suerte. Dudoso sobre si debía aceptar la invitación de su amigo Próxeno, Jenofonte consultó a su maestro Sócrates. Este, temiendo que aliarse con un persa le acarreara problemas políticos en Atenas (lo cual terminó ocurriendo con su posterior exilio), le sugirió consultar al Oráculo de Delfos, pero Jenofonte planteó la pregunta con trampa: no preguntó si debía ir, sino a qué dioses debía ofrecer sacrificios para tener un viaje próspero. Sócrates lo reprendió por el ardid, pero le aconsejó cumplir con los sacrificios y marchar.
| Mapa con el itinerario de los Diez Mil (401-399 a. C), relatado por Jenofonte en la Anábasis |
El príncipe Seutes es uno de los caracteres más interesantes de la historia contada por Jenofonte, descendiente de Teres, fundador del reino de los odrisios, pueblo tracio que ocupaba la mayor parte del país, limitando al norte con el Danubio, al oeste con los ríos Struma e Isker y al sur y este con la costa que va de Abdera al Danubio. Tras la muerte de Seutes I en el 410 a. C., el reino de los odrisios se desintegró. El Seutes de la Anábasis era uno de los virreyes o "paradinastas" que gobernaban las tribus y heredó de su padre Mésades un territorio de gran importancia estratégica, región sudeste de la Tracia europea que rodeaba la importante colonia griega de Bizancio (luego Constantinopla, capital del imperio romano oriental; y más tarde, cuando la invasión turca: Estambul), pero Seutes no controlaba el llamado "Delta de Tracia", porque Mésades, padre de Seutes, había sido expulsado de este territorio cuando la situación de los odrisios empeoró, y su hijo anhelaba recuperar su herencia con las armas mediante una alianza con Los Diez Mil.
Como Los Diez Mil (que, tras su periplo por Asia Menor, ya no eran tantos) no encontraron la forma de embarcarse hacia su patria, la mayoría procedían de los montes del Peloponeso (Arcadia y Acaya), y Seutes les prometió una buena soldada, accedieron a combatir por él, así que las tropas griegas y las del cacique odrisio combatieron contra tinos (o tinios), tribu montaraz y belicosa, que atacó el campamento griego con nocturnidad y alevosía, hasta someter y saquear también a otras tribus de la zona como tranipsas y malenditas (a los que los griegos llamaban "melinófagos" por su afición al mijo), incluso a aquellos que se ocupaban de saquear los pecios de los naufragios ocurridos frente a sus costas, donde dice Jenofonte que encontraban urnas y "rollos de papiro escritos" junto a muchos otros objetos, siendo este el testimonio más antiguo del comercio de libros en Grecia.
Seutes presumía de antiguo pedriguí ateniense y promete a Jenofonte "el oro y el moro" si le ayuda al frente de los mercenarios. No cumplirá sus promesas, a pesar de que hoplitas y peltastas combatirán a favor del tracio, y de sí mismos para proveerse de alimentos, reses y esclavos. Peor equipados para el frío de aquellos climas, sobre las nieves los griegos lo pasan peor que los tracios, equipados estos con pieles de zorro y protegidos por túnicas largas y capas de invierno, en lugar de las ligeras clámides de los helenos.
En una de aquellas batallas cuenta Jenofonte cómo combate junto a Seutes y este y los suyos abaten sin clemencia a los enemigos con jabalinas y espadas. Sin embargo, había un tal Epístenes de Olinto, pederasta, el cual, viendo a un joven hermoso, recién entrado en la pubertad con un escudo ligero, que iba a ser sacrificado por los de Seutes, corrió hacia Jenofonte suplicándole que socorriera al chaval. Jenofonte se acerca a Seutes y le pide que no mate al chico, detallándole la manera de ser de Epístenes y que éste una vez reclutó a toda una compañía escogida por la belleza de sus miembros y que combatía en compañía de éstos con gran valor.
En tales y violentas circunstancias, Seutes pregunta a Epístenes si está dispuesto a morir él en lugar del chico y Epístenes extiende el cuello y responde: "Golpea con tu espada, si lo manda el chico y piensa agradecérmelo". Seutes, entonces, se vuelve al niño y le pregunta si le da el golpe mortal al griego en su lugar. El muchacho no lo consiente y suplica por la vida de los dos, a lo que Epístenes abraza al niño y exclama: "¡Es hora para ti, Seutes, de luchar conmigo por este niño, pues no lo soltaré!". El príncipe Seutes los deja a ambos vivir y se da la vuelta, soltando una gran carcajada.
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Los eruditos discuten si este Epístenes de Olinto es el mismo Epístenes de Anfípolis, capitán de los peltastas en la batalla de Cunaxa, porque Olinto y Anfípolis era ciudades griegas próximas. Como se sabe, en el ámbito militar, y no sólo entre lacedemonios, era frecuente entre los griegos la pederastia.
Nota bibliográfica
He manejado como fuente para esta entrada la extraordinaria edición de la Anábasis de la editorial Cátedra, a cargo de Carlos Varias, que incluye introducción, mapa e índice de nombres propios y gentilicios, en la colección Letras Universales, Madrid 2010. Y para los mapas y precisión de algunos datos la IA Gemini de Google.