GERMAINE no hizo ningún caso del canon de belleza que seducía y vendía en la Edad de la Prisa. Desdeñó el modelo que servía de mostrador para vender coches, compresas o tinto de verano. Negó el culto a la enjutez y se negó a pagar gimnasios; despreció la asunción de dietas, se negó a consumir alimentos "light" y complementos alimenticios; desestimó la poeligrosa ingesta de fármacos adelgazantes y la cirugía reductiva de estómago.
Se veía bien como estaba y adoraba bailar sintiendo la formida energía de su hermoso cuerpo, notando la cadencia formidable de sus amplias caderas y el acorde rítmico con que saltaban sus pechos... GERMAINE bailaba sola y en cueros, igual que el joven Belmonte toreó en la dehesa de Tablada junto al Guadalquivir, desnudo y a la luz de la luna.
GERMAINE no estaba dispuesta a pasar hambre ni a quejarse admirando la gracilidad y levedad del águila diciendo como el avestruz "¡qué mala suerte la mía, que no puedo volar!". Bailaba con gracia magnífica y donaire de alma grande, sintiéndose a sí misma donosa y noble, cuando lo hacía cerraba los ojos y se transportaba a los cielos como arrastrada por un río metafísico, en un ascensor etéreo y alegre. Así pues, ni corta ni perezosa, se grabó en danza, desnuda, y colgó en redes sociales sus donosos meneos, exponiéndolos sin pudor y con orgullo al deleite público.
Su exhibición se hizo viral... No despreció GERMAINE el caudal de salero que la naturaleza le confió, ni buscó en dote ajena su propio daño... Supo estimar su excelencia y empleo / hizo brío de su deseo / y firmeza de su orondo cimiento, / imitó público el inocente vuelo / que consume el viento.
A lo tenue, opuso lo denso; / a la consunción, la lozanía; / a lo escualido, lo robusto; / a la debilidad, el vigor; / a lo flaco, lo grueso.
GERMAINE es vivo ejemplo de lo que puede el Amor Propio cuando rechaza prejuicios y tópicos del momento. Como explicó Aristóteles, el amor propio (Philautía) es fundamento de cualquier amistad verdadera. Difícilmente nos querran si no nos apreciamos a nosotros mismos. Pero el amor propio no es un incondicinal, no es egoísmo, sino que tiene que ver con apreciar de nosotros lo mejor y con el esfuerzo por convertir buenas disposiciones en excelencias. Lamentablemente, siempre hay otras... Y no todas son buenas.