martes, 3 de mayo de 2022

SOÑÓ QUE ERA UN HUEVO

 


¿Un huevo? - Sí, un enorme huevo flotando en un mar azul turquesa. Había otras cosas allí: un delfín saltarín, dos erizos pinchosos, un pulpo intelectual y unos pajaritos bailando con estrellas, ellos también con forma de huevo.

¿Un sueño agradable? - No, ningún sueño es agradable para un enfermo mental. Todas las experiencias de sueños le llenan de terror. Le parecía que sus brazos y piernas se encogían dentro de su cuerpo y que su cara se aplanaba y sus facciones desaparecían convertidas en unas runas geométricas carentes de todo significado. No paraba de mirarse al espejo para convencerse de que su nariz no había desaparecido, que de ella sólo quedaba un punto del que irradiaban espermatozoides.

Ya desvelado ¿creía "realmente" que se estaba convirtiendo en un huevo? - Para él no estaba claro el significado de "realmente". ¡Los temores son tan reales! Su mala gestión lleva al trastorno de comportamiento o al delirio. Lloró, lloró mucho.

***

El psicoterapeuta pensó que se trataba de temor a la castración. "Qué pena", dijo ella, parece el sueño de un pintor. Ella se imaginaba con gusto el enorme huevo nacarado flotando en el océano profundamente saturado de azul turquesa. Adoraba el color turquesa. Lo veía en su mente con toda claridad y la imagen la sosegaba y llenaba de compasión. Veía al paciente tan patético y desgraciado como un arlequín perdido.

- Está relacionado con su obsesiva necesidad de comer para matar el ansia de querer vivir y no saber cómo hacerlo. Los perdularios de mente dañada -o que se piensan perdedores- suelen disimular sus miedos de castración con un deseo de absorberlo todo. Una vez que se han tragado el mundo, nada queda ya de qué asustarse. Es lo que ocurre con los artistas fracasados.

(El terapeuta no comprendía por qué se consideraba su paciente fracasado. ¡Lo veía todavía lleno de falsas y elevadas creencias sobre sí mismo!)

¿Y el pulpo? - La racionalidad marginada, tal vez, el último reducto de sentido crítico. Un cefalópodo listo pero blando de pies a cabeza...

¿Los pajaritos? - Todos los artistas tienen la cabeza llena de pájaros que bailan con estrellas de ambición. Ser estrella es ser famosa.

¿El delfín? - Ni idea, pero tiene forma fálica... 

(Entonces pensó que su preocupación por las desgracias de las personas tenían más que ver con el sexo que con el altruismo o con la ciencia, y que toda curiosidad que no estuviese inspirada por el amor o el afán de conocimiento es maligna, pura fisgonería de indiscreto o de chismosa).

¿Los erizos? - Noli me tangere. Ofrecen algo delicioso y de provecho en su interior, pero se defienden con espinas; son ariscos, como puede serlo el medio social para el artista.

- ¡Ah!, el mundo encantado y sugestivo de la teoría psicoanalítica, dividida en escuelas como otros tantos mágicos jardines, cada uno dotado de su propia flora y configuración, y cada uno rodeado de su propia muralla. Hortus conclusus.

- Los sueños conspiran con la conciencia dormida, intercambian información, se nutren mutuamente y se repliegan en el olvido. Si se recuerdan... ¡malo! Entonces lo que debió ser sabiduría se transforma en pesadilla.


Nota bene: Inspirado por un pasaje de The sacred and profane love machine (Londres, 1974), novela de Iris Murdoch.

jueves, 28 de abril de 2022

MUSA PROVISIONAL

La visita de la musa, técnica mixta, abril 2022


Zomaki, que se debatía entre ser histórica o histérica, se le ofreció una tarde como musa. "A mi puzzle le falta tu pieza" -le soltó en la red con pícara gracia. Al escritor, que se sentía solo y hasta olvidado de sí, le halagó pensar que le había elegido a él, personalmente, entre tanta gente. Buena catadora de café, procrastinadora en espera, concienzuda traductora de Virginia Woolf, Zomaki aspiraba a convertirse en un buen recuerdo a través de una canción que ella misma acompañaría a guitarra.

Pronto supo de ella que era muy buena inventándoles principios a los finales, pero que tendía a desesperarse pensando qué sería de los sueños que tenía guardados en el armario. Le confesó que temía que, faltando ella, alguien los sacara sin abrigarlos debidamente y enfermaran por enfriamiento (era primavera, pero todavía nevaba).

A Zomaki le excitaba mucho la incertidumbre del misterio. Él le preguntaba si lo consideraba tremendo o fascinante, al misterio. "No -decía Zomaki-, siempre que los misterios contengan una U y abran caminos y no heridas". También era un misterio por qué Zomaki firmaba @Pau_siempreconU. En eso él no quería entrar, porque conviene no querer saberlo todo de la amiga, ayudarla a guardar en el cofre algunos secretos, joyas de corazón, vergüenzas debilitantes. Era evidente que esas frases que susurraba al oído en los crepúsculos tempranos no iban dirigidas a él ni a todos sus seguidores, sino al amante. 

Por momentos envidiaba, al amado o la amada, de su improvisada musa. Era muy cariñosa Zomaki y fulguraba frases cortas como relámpagos en mitad del silencio de la noche. Por ejemplo: "la ambigüedad del querer ser sin estar" y "tus caricias y su eco en mi andar". Sí, a veces sus oraciones sencillas formaban pareados, versos sueltos. A los que quieren ser sin estar hay que decirles lo que Mio Cid a aquel escaqueado: ¡mucha palabra y poca mano!

Zomaki aspiraba a conocer y aprender de sí misma, a falta de musa propia. Decía que buscaba perderse para reencontrarse. Prefería conseguirlo siendo aquella persona para quien todo sucede por primera vez, aún las repeticiones.

El escritor, fotógrafo de pamplinas y mojigangas, tuvo la suerte de acogerse a su ofrecimiento. La quiso y aprovechó de musa, ¡a una perfecta desconocida! Fue sólo por unas horas de aquellas sobretardes que ansiaban verdaderas caricias de aires primaverales.

Hasta aquí el feliz resultado / y Zomaki lo hubo inspirado, / musa provisional indiuturna /, mas graciosa y oportuna.

domingo, 24 de abril de 2022

UN AÑO ESPECIAL (1975)

 

Polilla patriótica, inquieta y con rostro desafiante

Aquel año accedí a la universidad; el primero de mi familia que lo hacía. Entonces los exámenes se llamaban "de selectividad", no de "acceso". O sea que esas pruebas todavía seleccionaban y excluían analfabetos funcionales. La nota media me bajó a seis y pico aunque lucía un expediente de sobresaliente en COU, calificación de instituto público. Empecé Filología por las mañanas y Derecho por las tardes (leyes, para complacer a mi padre, que no veía claro lo de ganarse la vida estudiando literatura). Tuve algunos buenos profesores y otros pésimos, contrarios al régimen pero dictadores de apuntes, enchufados en la profesión por los tíos o por los padres. Sufrí muchas huelgas de estudiantes y de penenes (profes no numerarios), pero no me sumé a ninguna, aunque fui elegido delegado de curso y me afilié a un sindicato clandestino de estudiantes. Creo que desde entonces estoy en alguna lista negra. 

Al menos Granada ofrecía vida cultural buena y barata, verbigracia en el Cineclub don Bosco de la Plaza del Triunfo, a cargo de un salesiano, cinéfilo erudito que luego colgó los hábitos porque se enamoró de una secretaria. Hacía mucho frío en aquella sala, pero los cuatro o cinco frikis que no fallábamos ni entresemana nos abrigábamos como esquimales en aquel cocherón, para digerir con provecho los bien elegidos ciclos de cine en blanco y negro: realismo italiano, expresionismo alemán, del surrealista Buñuel, del existencialismo de Bergman, etc. Aún recuerdo la impresión que me causó el cine del primer Fellini o de John Ford, la belleza serena de Anouk Aimée o las misteriosas y trágicas ojeras de Anna Magnani.

La verdad es que 1975 fue un año raro, especial, crítico (¿no lo son casi todos?). Contaban que una polilla en Almuñecar trabajaba de noche las ropas de los turistas ingleses dejándoles inscripciones patrióticas como "Gibraltar español". Un chacinero navarro se empeñó en meter un cerdo entero vivo en un chorizo (casi lo consigue) y un pato francés cuyo hígado estaba destinado a fuagrás cruzó los Pirineos y pidió asilo político. En la playa de Santander arenizó un besugo gigantesco al que se hospitalizó para comprobar que había perdido la memoria y sólo era capaz de cantar el estribillo de "Suspiros de España".

Por supuesto 1975, proclamado Año internacional de la mujer, fue tan exclusivo como lo es cualquier otro, ya que los años no tienen costumbre de repetirse, pero hay que reconocer esas señales extrañas que preludian catástrofe o cambio revolucionario, un acontecimiento significativo o una transición política salpicada de atentados pero relativamente exitosa. Todo el mundo sabe que en noviembre el dictador la cagó con flecos. Pero unos meses antes, en la Alcarria, un innovador ganadero consiguió un cebú a partir del cruce de un buey alcarreño y una vaca jorobada de Jaén, y en Valladolid nació un loro bilingüe con dos picos: uno para hablar español y otro para hablar francés. Eso sucedió en la casa de un reputado capador de codornices.

Todo esto lo supe mucho después por las crónicas que publicó, cuando el celo de la censura ya declinaba, Manolo V el Empecinado. En otro orden de cosas, más naturalista y menos simbólico, ese mismo año Margarita Thatcher fue elegida presidenta del partido conservador británico; murió Onassis dejando una fortuna de quinientos millones de dólares más o menos, y se mató Graham Hill pilotando un avión cerca de Londres. La nave usamericana Apolo se acopló con la Soyuz soviética y Gran Bretaña votó sí a su continuación en la CEE (70% a favor). 

Como siempre, cosas buenas se mezclan con otras malas. En Alemania procesaron a los terroristas de la banda Baader-Meinhof. Adolfo Suárez fue nombrado vicesecretario general del Movimiento y en septiembre fueron ejecutados tres miembros del FRAP y dos de ETA, últimas penas de muerte consumadas. Hassan II se aprovecha de la debilidad del régimen y convoca La Marcha Verde sobre el Sahara que casi llegó al campo minado, a cinco kilómetros de la frontera militar española. Cuando sonaban los peores presagios, España se retira y deja a los saharauis desamparados, a su suerte. Un adolescente asesina a Passolini y el 22 de noviembre jura Juan Carlos I como rey de España.

Anegado en lágrimas, el presidente Arias Navarro comunicó la noticia y miles de españoles desfilaron ante el féretro. Ahora, nadie fue franquista. Cuando murió el Caudillo mucha gente tenía miedo. Por todas partes, silencio espeso. Mi amigo Jaime y yo, no teníamos miedo, porque éramos jóvenes e inconscientes. El luto oficial era una oportunidad para descorchar la botella de champán que Jaime (¡que en paz descanse!) guardaba en un armario del cuarto del colegio de curas en el que se hospedaba y ocasión divina para volver al pueblo y saborear los calientes de madre.

¡Imprevistas vacaciones! Hicimos un cartel que guardé durante muchos años con la dirección: "A XXXXX". Eran otros tiempos, no corrían pandemias y la gente montaba mochileros. Llegamos pronto a nuestros hogares. Y es que, como dice Anita Fin, @anitaalfin: 

"No se trata de tener mil sitios donde ir, sino de tener uno donde volver".

jueves, 24 de marzo de 2022

PERRAZO TURCOMANO

 

Monumento al perro del presidente de Turkmenistán

En Turkmenistán el virus sinense no ha sido un problema, porque el presidente, el odontólogo, amante de los pastores turcomanos y de la medicina yerbera preventiva Gurbanguli Berdimujammédov "el Protector", tuvo a bien, en su infinita sabiduría -Alá le bendiga-, negar su existencia. Por supuesto, los hospitales colapsaron y las gentes morían a millares, pero sólo de "neumonía", porque también la palabra "coronavirus" está prohibida y llevar mascarilla te puede llevar a chirona en Turkmenistán.

El país es independiente de la UESS desde 1991 y rico en petróleo y gas, pero sus gentes, unos seis millones, son más bien pobres. Las malas lenguas rumorean en secreto que con este presidente hay más corrupción que con el anterior, Niyázov (del que hay gran estatua bañada en oro y gran mezquita mausoleo), porque este, el Protector, tiene más parientes a los que colocar y complacer. El servicio sanitario del país es una pena, pero se han inaugurado clínica y hotel para animales. ¡Y es que Gurbanguli los adora, sobre todo a los pastores turcomanos! En noviembre de 2020 estrenó una escultura en oro de su perro (ver supra).

A Moad Rasem, traductor marroquí, Turkmenistán le parece la nación más bizarra del mundo (estrambótica, dice con propiedad Manuel Dopazo) y no sólo porque cuenta con la mayor noria cubierta del mundo en Ashgabat, su capital. También ésta cuenta con más de 500 edificios de mármol blanco (record Guiness mundial), además de un montón de monumentos estrafalarios. 

El presidente es partidario de una vida sencilla, deportiva y tradicional. Sin ir más lejos, hace poco se ha prohibido que los funcionarios ostenten joyas de oro, se tiñan el pelo y se esmalten las uñas. También se han prohibido los coches negros, que hay que repintar de blanco, prohibidos por ley los cabellos largos en los hombres y el carnet de conducir de las mujeres, que deben vestir de rojo escarlata.

Mujeres de Turkmenistán con el traje tradicional.
Foto de Manuel Dopazo 

Son viejas tradiciones aquilatadas por la costumbre y el presidente -¡que Alá proteja al Protector y nos proteja de él- quiere sobre todo favorecer un régimen de vida saludable. Por eso recomienda la pesca y los paseos por el campo y ha publicado una docena de libros, entre ellos uno dedicado a las hierbas medicinales, pamplinas que recomienda como método de prevención, y otro dedicado a los perros pastores centro-asiáticos que, junto a los caballos locales, considera “valor nacional”.

Gurbanguli el Protector intuyó que el coronavirus podría ser una amenaza para su idea de que el país se encuentra en plena fase de felicidad, por lo que decretó su inexistencia. ¡Que Alá le bendiga! De hecho le bendice, porque desde 2006 arrasa en las elecciones, que los medios infieles del mundo consideran fraudulentas. Pero en Turkmenistán nadie se entera de lo que dicen los infieles, porque la libertad de prensa brilla como en Corea del Norte por su ausencia.

El punto de interés más famoso y visitado de Turkmenistán es la llamada "Puerta del infierno", un pseudo cráter activo desde hace medio siglo en el desierto de Karakum. No se trata de un volcán, el cráter de Darvaza es un desprendimiento de tierra producido por unas excavaciones efectuadas por la Unión Soviética en 1971 buscando pozos de gas. Accidentalmente se produjo un gran escape que se intentó solucionar prendiéndole fuego pensando que se extinguiría en pocas semanas. El pozo es de tal magnitud que 50 años después aún sigue encendido. 

No me he resistido a parafrasear esta última información que debo al estupendo artículo de Manuel Dopazo porque me parece una perfecta metáfora, o símil, de lo que puede suceder para más triste tragedia con el fuego encendido por Putin y su oligarquía en Ucrania. Aquí es donde la mojiganga se vuelve dramático quejío y lamentable prospectiva.


viernes, 17 de diciembre de 2021

LA CÓPULA


Cópula de Exosoma lusitanicum en un gamón.
Sierra Morena (Andújar), 8 mayo 2010

Para Fran (Lycofrán) y Jesús Zamora Bonilla

Mojiganga metafísica

Cuando le dijeron que según Frege, un gran lógico del siglo XX, los filósofos habían divinizado la cópula, Benito era todavía joven y fogoso, por eso le pareció maravilloso y oportuno que aquellos tipos que lo pensaban todo (¿o es que pensaban el todo?) hubieran convertido en éxtasis celestial o apoteosis el acto amoroso, de acople o unión, entre un varón y una mujer, un macho y una hembra.

Se llevó una gran desilusión cuando se percató de que esa "cópula" era la del verbo "ser" en expresiones como "el pájaro es un colorín" o "la lluvia no es espuma". Al parecer, "ser" adquiere otro valor, un carácter existencial, absoluto, en expresiones como "Cristina es", que significaría "Cristina existe o es un hecho del mundo". 


Cópula chinchosa en una ortiga, marzo 2007, Cerros de Úbeda

Nadie va por ahí preguntándole a Cristina si es o existe, incluso si -Dios no lo quiera-, la pobre hubiese fallecido, nadie preguntaría: "¿es todavía Cristina?". Por lo visto, que eso no lo digan los mortales ordinarios o comunes no les importa demasiado a los filósofos, gente poco corriente e incluso solitaria, pues ellos están más pendientes de lo que se puede o podría decirse, que de lo que realmente se habla. Uno de ellos, Lycofrán, al que Benito conoció bebiendo vino en una taberna de Córdoba, le dijo que eso es porque los filósofos están más pendientes de la Lengua o Lógos, que del habla corriente y moliente.

El mismo Lycofrán le explicó que las cuestiones sobre el ser de la cópula o los problemas de la cópula que significa existir son cuestiones "ontológicas", o sea, metafísicas, y que un tal Quine, muy famoso entre las raras gentes del gremio, había sentenciado que las cuestiones científicas y las ontológicas son continuas, de suerte que la divisoria entre las mismas es sólo gradual y fluctuante, que todo depende del "marco conceptual" y que lo metafísico tiene más bien que ver con la práxis (el nombre que ellos dan a la práctica) y hasta con la moral, que con la teoría pura y dura.


Boceto del autor para el cartel del XIII Congreso
de la Asociación Andaluza de Filosofía (Úbeda 2021)


Benito le dijo a Lycofrán que, desde luego, a nadie se le ocurre ir diciendo por ahí "el zapato es" o "el zapato existe", ni siquiera "España no es", aunque muchos preferirían que no existiese. Por lo tanto, aquellas discusiones sobre "la cópula" le parecieron a Benito tan bizantinas como ociosas. A pesar de lo cual siguió frecuentando a Lycofrán porque era un vasco muy majo y sabía explicar el sentido de sus ideas. Por él se enteró de que había existido toda una escuela filosófica llamada "neopositivismo" que pensaba eso mismo: que los problemas de la existencia, a los que señalaba como "problemas metafísicos" porque no trataban de hechos físicos y positivos (únicos de los que se ocupaba la verdadera ciencia), eran falsos problemas y que por eso mismo no podían resolverse, sino sólo disolverse. Ese "disolver los problemas relativos al ser y al existir" era como sacar a un moscardón zumbón de una botella. Se hacía mediante un análisis riguroso del lenguaje. 

Sin embargo, a Benito no le pareció bien que la existencia tendiera a disolverse, ni siquiera de una manera, digamos, puramente teórica o analítica. Negar la existencia de algo a lo que hemos dado nombre, por ejemplo cuando decimos "los vampiros no existen" o "las sirenas tampoco existen" o, peor: "los ángeles no existen", ya le parecía a Benito un poco tonto y no sólo porque su madre le había hecho rezar muchas veces al Ángel de la guarda. ¿Y la sirena de La sirenita? ¿No existe, o es, de alguna manera, la sirenita, al menos no es real como personaje de ficción?


Cópula de Otitidae, 15 mayo 2008.

Pero imagínate al jefe de los camareros que llaman metre, que en lugar de decirte "no hay perdiz escabechada" (a Benito le volvía loco la perdiz en escabeche, esa carne de presa volátil en antiquísima salsa conservante)..., imagina que el metre te dice: "no existe perdiz escabechada". Tal metre o no sabría lo que registraba su carta o era un impostor, ignorante por completo de la cinegética y la cocina tradicional manchega.

En cierto sentido, y aunque Benito renunció a graduarse como metafísico (lo suyo era el campo y la caza), le gustó saber que había filósofos dispuestos a reconocerle sentido a preguntas como "¿son, en realidad, los números?" o "¿existe el síndrome de colon irritable?" o "¿son reales los megavatios que carga en su factura la compañía eléctrica?" o "¿puede ser una discriminación positiva?", etc.

Y a veces se pregunta si cuando alguien asevera que "los vampiros no existen", no será porque son criaturas nocturnas y se guardan mucho de ser vistas, o porque no han sorprendido todavía a ninguno, o ninguna, que las hay hembras, buscándole la yugular, o porque los ingenieros no los han diseñado todavía con inteligencia artificial, o porque los que salen en las películas no son de verdad vampiros y sólo simulan serlo por razones del guion... 

Benito le ha dado mucho al coco pensando sobre esto de la cópula y del ser de unas cosas y otras cosas que ni siquiera parecen cosas, de las cosas que son y de las que parecen ser. Lycofrán le explicó qué era una conjetura y él solo, antes o después de la siesta, se ha formulado algunas conjeturas y ha llegado desde ellas, razonando en la siesta, a alguna conclusión. No está seguro de si esta conclusión será "ontológica" o "metafísica", pero ha llegado a la convicción de que, existan de verdad o de mentirijilla, o en el pasado como los dinosaurios, o en el presente como el ronquido de su abuelo, o en futuro como el robot con sentimientos, todas las cosas que nombramos, de algún modo, existen y son

miércoles, 8 de diciembre de 2021

MIRADA DE OTRO

Madreselva, vista por el otro. Foto JBL, otoño 2021

"...Véante mis ojos
pues eres lumbre de ellos
y sólo para ti quiero tenerlos"

Juan de la Cruz. Cántico espiritual.

El sol se pone, los gatos miran curiosos, Ibrahim tiende su esterilla junto al laurel. Un escuadrón de rabilargos revolotean y buscan los últimos rayos del sol que se oculta detrás del horizonte. 

Ibrahim es de esos que no se fían al principio, pero sí cuando descubren la buena intención del otro. Entonces desabrochan su corazón grande y amistoso. 

Nada más irse el sol una fría brisa enciende el sonajero seminal del ailanto. La temperatura cae tan rápido que uno puede ver moverse el mercurio en el termómetro. El gato más feo (ñarim cani) busca las entrañas calientes del pathfinder, el todoterreno verde oliva, y una docena de pájaros discuten por la percha dormitorio en el zarzal de abajo, más allá de la huerta. 

Si agudizas el oído, sientes el sonido del agua en la fuente, como un bajo continuo de la grave voz con que Ibrahim canta sus oraciones. Pero estas no se elevan, más bien ruedan por tierra.

Ladra un perro a lo lejos, en aquel cortijo blanco donde un rayó mató al mulo que cabalgaba el casero, dejando a este intacto. Eso cuentan. Detrás, las aguas del pantano, el gran charco del Giribaile, los restos de viejos apriscos cavernarios y castros feudales, y más allá las oscuras cuestas y crestas de Sierra Morena. Maúlla un gato cerca del algarrobo con el  gemido de un nene.

Miro estas maravillas comunes, corrientes, con total desapego, como un dios que contempla las evoluciones imprevistas de sus criaturas, ¡pero no soy un dios! Tal vez actúe como un ojo suyo, alentando como un instrumento emanado de él, como su tentáculo, criatura sensible conectada a su centro. 

Miro el matorral de madreselvas y rosas caninas. Ahora las veo de otra manera. Sí, es el otro el que mira. El otro que es silencio, tiempo, espacio y misterio. Le he interpelado en otras ocasiones, pero nunca contesta, sólo me obliga, a veces, a mirar las cosas de otro modo. Puede que Él también hable las lenguas de todos y que por eso calle. También nos ve con la mirada de otros, sin embargo nuestros ojos no están hechos para verlo.

lunes, 30 de agosto de 2021

ANHÉLITA Y LAS PRIMITIVAS TRANSFUSIONES

 

JBL, Anhélita 2. Lápiz, acuarela 

En tiempos de León Hebreo, autor de Diálogos de amor, hijo que fue del famosísimo médico de cámara real Isaac Abravanel, ya se ensayaron transfusiones de sangre en Lisboa utilizando una planta importada de las Molucas y llamada anhélita porque, aun vegetal, parecía respirar intensamente. 

De dicha planta hay varias descripciones que coinciden en afirmar que la planta contaba en sus enormes hojas con ventosas grandes y rojas en forma de labios humanos. Más sorprendió aún en la corte portuguesa que la planta experimentase inclinaciones amorosas bisexuales, reaccionando positivamente tanto a la "pluma" como al "pelo", por usar las expresiones de Quevedo. 

Así, cuando pasaba Tereixa de Sousa Valadares, sus carnes empanadas en seda, las bellas tibias tatuadas de perejil y oro, perfumadas con secante de canela traída de Ceilán, la planta suspiraba, batía sus hojas como jadeante y expulsaba por sus ventosas hilillos de sangre oscura, muy aromática. Sí, como si estuviese perdida por Tereixa y muy enamorada la planta, más que amadora, adoradora de simpares bellezas.

No le sucedía esto con todas las damas -vegetal listo y selectivo-, por eso se pensó que anhélita fuese monógama. Sin embargo, también vertía su sangre cuando paseaba cerca, por el jardín secreto de la corte, el gentil caballero Oliveira de Minganao, que solía vestir de terciopelo azul y portar sombrero amarillo de ala ancha con enarbolante pluma de ave del paraíso.

Naturalmente, se hicieron ensayos. Una hermana anhélita recién traída del puerto de Amboina pareció enamorarse de una esclava negra del conde de Pradeira y le ofrecieron la morena desnuda a la planta. La anhélita la acarició con sus hojas y besándola, por decirlo así, le pasó a la negra su sangre. Luego, como si se hubiese agotado en el lance, dejó caer sus ramas y cerró sus ventosas.

Por lo que respecta a la africana, se le borró una almorrana que mucho le fastidiaba, se le afirmaron los pechos, se le arregló la regla y desde entonces habló portugués con acento aristocrático. Otros efectos maravillosos, aunque diferentes siempre beneficiosos para los amantes, se experimentaron tras el lance de Anhélita (le pondremos ya nombre propio) con un doncel, mozo garrido... El caso es que los varones ganaban con ello potencia viril deslumbradora, tanto sexual como bélica, y las mujeres mejoraban tanto en genio metafísico como en compostura física.


JBL. Anhélita 1. Lápices y acuarelas, 2021

Por desgracia, cuando llegó la peste de 1578 a Lisboa, señora de los mares, transmitida por la pulga de la rata negra, las plantas anhélitas que con tanto cuidado se mimaban y guardaban en los invernaderos secretos de palacio se contagiaron y murieron, como Luis de Camoes, el celebérrimo poeta. Sus restos fueron conservados, en rama o en polvo, en cajitas de plata. 

Felipe el Prudente se hizo con algunas y aún quedaba algo de la planta amadora y sangrante en el Madrid de Felipe IV, pues se dice que el rey y su compinche, el conde de Villamediana, usaban "polvos de la planta portuguesa" para violar el sexto mandamiento.

Esto lo cuenta Cunqueiro en su Tertulia de boticas prodigiosas.