miércoles, 16 de junio de 2010

EL LIBERTINO Y EL CRÍTICO

Casanova vs. Voltaire: 1 a 1

En el capítulo X, volumen 6 de la Historia de mi vida, Giacomo Casanova refiere su visita en Les Délices al señor de Voltaire. Pocos críticos discuten que esta visita se produjera realmente, aunque algunos afirmen que el veneciano adornó su relato para atribuirse un papel más relevante del que tuvo.

Hacia 1760, en la mesa bien abastecida de Voltaire, se hablaba de Newton y de Fontenelle, de lo humano y de lo divino... Y según el testimonio del libertino, ellos dos hablaron sobre todo de literatura. Casanova dice al sabio que lee cuanto puede, pero que por el momento, más que escribir se complace en estudiar al hombre viajando.

martes, 15 de junio de 2010

La tumba del Gladiador

que habría inspirado la película ...
Asistimos a la publicación de estupideces revestidas de pátina científica y no falta, tampoco, la publicidad (varias veces criticadas por los médicos) donde se aseguran las virtudes para la salud de ciertas pócimas lácteas. Pero hasta ahora los arqueólogos no habían entrado directamente en el negocio.

lunes, 7 de junio de 2010

Ligereza

Creo recordar que, en alguna ocasión, afectado por el vértigo de las cumbres alpinas, ese espantapájaros de Zaratustra recomendó la "ligereza" como una virtud nueva, postcristiana, superhombruna...
"Nada nuevo bajo el sol" -esta fórmula del sabio Cohelet del Libro de la Sabiduría bíblico formula lacónicamente la vieja doctrina del eterno retorno, en su versión más conservadora.
Seamos ligeros.
No propongo aquí ninguna dieta que nos libere para el verano de las grasas de más, aunque también. La ligereza, lightness, Leichtheit, se puede interpretar, en sentido físico, como gracilidad, agilidad, libertad de movimientos y rapidez.
A nosotros nos interesa sobre todo el aspecto moral de la ligereza. He conocido a joviales gordas ligeras y a enfadadas delgadas pelmazas. A primera vista, salta la ligereza como soportabilidad. Lo contrario de una persona ligera es una persona "pesada", insoportable, como esas quejicas que no hacen más que lamentarse de lo mal que anda todo, de lo mucho que duele la vida, del poco respeto que muestra la juventud a las canas, ¡como si ya las tuviesen todas!
La ligereza de ser soportable, esa me conquista. Como la del Ser, que pasa, que deviene. ¡Qué necesidad de que retornen las cosas! Lo insoportable del Ser sería precisamente que no pasara, que retornara siempre, contra el famoso título metafísico de la novela de Milan Kundera (1982), título al que posiblemente debió algo de su éxito, si no más de la mitad. No recuerdo a qué venía el título, de esa novela sólo recuerdo que la leí de un tirón (o sea, que me resultó ligera), y alguna de las estrategias sexuales (anales) que empleaba el protagonista para granjearse el favor de las mujeres. Su filosofía debió de resultarme tan  ligera como pegajosas sus picardías.
Seamos cachondos y a la vez finos, seamos franceses: la légèreté (¡qué bien puestas esas tres tildes!) comme facilité de l'esprit ou du style. Incluso como facilidad para cambiar de estilo y de espíritu. ¿Por qué resignarse a un modo de ser como la piedra? La vida es siempre proteica, evolucionista, abierta al cambio, así también la vida de la mente. La vejez empieza cuando uno se agarra a las mismas costumbres como si éstas fuesen una balsa de salvación o un sistema coherente de prejuicios, como si ese que teníamos por sentido común no cambiara.
Pongámonos orientales: Laghima, uno de los ochos siddhis o perfecciones, entendida como facilidad para compensar la fuerza de la facticidad. Uno debe ser como la luz, que no pesa -recomienda el budismo, o tal vez la luz sí pese, pero muy poco, no lo sé... La luz es Dios en el evangelio de San Juan, y uno debe divinizarse en la medida de sus fuerzas...
Pero aceptar al imbécil que habita en uno, reconocer que no se sabe, es sin duda una especie socrática de ligereza: uno se niega a adoptar la figura nietzscheana del camello, soportando el peso del saber, porque uno está abierto al saber, con la curiosidad vacilante del niño.
Sin embargo, como todos los caracteres, también la ligereza tiene su lado oscuro, su lado exagerado, puede ser shallowness o superficiality, confundiéndose con la abulia de los volubles o la falta de voluntad de ser de las veleidosos... La donna mobile qual piuma al vento. Nada tan ligero como una pluma al viento o la hoja sacudida por la tempestad. Flor de otoño, buscando descomposición. Esas muecas desdeñosas de la veleidad temerosa valen menos que una pamplina.

viernes, 4 de junio de 2010

Véspulas y elixir fatal


En una conversación informal, el doctor Mabide, aficionado a la entomología, afirmó que a algunas mujeres en la actualidad les está pasando lo que los historiadores de la naturaleza atribuyen a las avispas sociales: el ovopositor está perdiendo su función proveedora de huevos y se ha modificado en un aguijón empleado para defenderse o para paralizar a sus presas.

- Pienso que en demasiados casos, no se trata tanto de paralizar cuanto de activar al apresado... En cualquier caso, cada vez las veo más amigas de atraer y menos capaces de retener.
- En efecto, muchas no se sabe si están tristes porque no tienen hijos o no tienen hijos porque están tristes.
- Habría que distinguir entre trabajadoras estériles y hembras reproductoras, una de las misiones de la hembra reproductora es domesticar al macho, hacerse útil al zángano... -contesta Mabide-, creo que también Platón soñaba con una distinción parecida.
- Platón concibió una especie de comité de avispas o abejas reinas para su ciudad ideal, un comité de mujeres que planificara los nacimientos y las condiciones para la eugenesia.
- Pero ya sabes que los humanos no nos conformaremos jamás con ser insectos... por eso resultamos más interesantes y frágiles.
- En cualquier caso, ¿no es cierto que también entre nosotros tienden los machos al zanganismo si no se les estimula con un poquito de veneno sabiamente administrado?
- El veneno del deseo -contesta Mabide. ¡Nada más estimulante que ese elixir fatal!

miércoles, 5 de mayo de 2010

Juntos, pero no revueltos

Me ha sorprendido gratamente la primorosa película de Claude Berri "Juntos, nada más". Estrenada en 2007 con el título original de Ensemble, c'est tou. Delicada, deliciosamente francesa, entrañablemente universal, claramente contemporánea; nada de esas sordideces y extravagancias con las que llama la atención cierto cine español; nada de esos "efectos especiales" con que embauca al espectador infantil el tecnocine usamericano.
No son necesarias las tres dimensiones; el corazón humano las posee infinitas, infinitos matices en espíritus animados, relaciones problemáticas, soluciones posibles y sencillas.
Cuatro personajes castigados por la vida acaban aprendiendo a convivir, acaban enseñándose a quererse hasta formar una especie insólita de familia reestructurada: la anoréxica Camille, el divertido mimo de Amélie (Audrey Tautou); Franck, un cocinero castigado por la vida y tierno, que se las da de duro; Philibert, un descendiente de la más rancia y católica aristocracia, enamorado del teatro y con problemas de tartamudez; y Paulette, la abuela de Franck, divertida y frágil.
El melodrama no empalaga, en absoluto; y prueba cómo se puede hacer un cine encantador y decente, entretenido y edificante, con mimbres sencillos: un lenguaje digno y actores excelentes.
La elección de la música resulta ecléctica y sabia, popular y clásica.
¡Plausible! (de plauso: aplaudo).

miércoles, 28 de abril de 2010

Haikus



Los haikus resultan muy apropiados para quienes, esposados al tiempo, se agobian con la producción y el consumo, se estresan por coger a Oportunidad -tan escurridiza como calva-, o se angustian por disfrutar incesantes placeres, que suelen parir dolores.

El haiku puede resultar anodino, tan trivial como las hojas de bambú temblando sobre una nube, pero tiene la ventaja de que acaba pronto, como la vida. Su pretensión de perennidad es la del instante, así que tal vez sea tan eterno como éste.

En nuestra época hay "friquis" (¿obsesivos?) del haiku, como de la cría de hormigas en botella de vidrio. ¿Cabe el mundo en unos pocos versos, en unas cuantas sílabas? Puede, si son lo suficiente meditados, sentidos o ambiguos. La mente puede cargar de intenciones la cosa más pequeña convirtiéndola en un símbolo de sus estados, de sus derrotas y de sus pretensiones.

El lector interesado por el tema puede encontrar un montón de enlaces en http://www.elrincondelhaiku.org/int4.php.
Si no está muy interesado, pero aún tiene un rato, puede leer los que siguen...
Fueron escritos por la imaginación (sólo con su concurso se escribe) sobre vivencias veraniegas, que sólo la memoria conserva, como un ejercicio solitario, como una pamplina que comparto.

El perro huyó
persiguiendo un conejo
y regresó al perderlo 

Se acerca la tór-
tola muy temblo-
rosa, para robar
el pienso de los niños

Gruñen cri-cri-cri
sucios motores roncos;
cantan los grillos

Frescas almendras
enrojecen muy verdes
labios maduros

Te doy las gracias
suena tu voz dorada
bajo los pinos

Tiemblo de espanto
mientras calo tu aliento
luego me gozo

Larga serpiente
cura heridas del valle
con bruma y gasa

Dos rojas dalias
estallan bajo el laurel
¡no las puedes ver!

lunes, 29 de marzo de 2010

Conatus

No deja de sorprenderme la extrema capacidad de la vida para perseverar y reproducirse. ¡Y eso que la vida parece un extraño acontecimiento en medio, o en el borde -¿quién  lo sabe?-, de la inmensidad de lo inerte.
Conatus, llamó Spinoza a este afán de la vida por seguir siendo; élan vital, le llamó Bergson.
Me hace gracia la soberbia de nuestra especie, incluso las raras veces que asume sus culpas. "Destruiremos la vida con nuestra avaricia y nuestra avidez" -se dice. A mí me parece bastante claro que la vida seguirá palpitando cuando nosotros hayamos desaparecido. Me basta pasear por las ruinas de un cortijo y ver como las higueras, los almeces y las encinas, las jaras y los romeros, rompen en poco tiempo sus muros y reconquistan sus espacios en cuanto los humanos nos damos la vuelta.

En la terraza del pequeño apartamento costero, pasan meses y trimestres dos crasuláceas, abandonadas en sus macetas. Las hojas, suculentas, que almacenan agua, acaban flacas y sedientas. Soportan meses viviendo sólo de la brisa del mar. Cuando al fin nos escapamos del trabajo y llegamos a la costa, al entrar en el apartamento, lo primero que hago es darles de beber a mis crasuláceas. Absorben con avidez el elemento de las ondinas, fuente de vida, y se hinchan enseguida, lustrosas y agradecidas.
Uno tiende a ilusionarse atribuyéndole "agradecimiento" a las plantas. Son seres vivos. Detrás de una de sus hojas he encontrado lo que parecía una piedra o, mejor, un garbanzo aplastado, como de cerámica. Dentro, engorda la larva de una avispa, seguramente a partir de otro insecto que le sirve de huésped. Tal vez una icneumónida. Lo consultaré en mis guías, preguntaré en Insectarium virtual...
Estos pequeños descubrimientos han llegado a ser para mí la sal y la pimienta de mis veranos. Una sola de estas imágenes de la vida real vale más que cualquier farsa televisiva, incluida la del telediario.